miércoles, 7 de agosto de 2013

De Tiananmen a Timisoara [1] El auge del capitalismo y del revisionismo en China

Valiente estudiante "luchador por la democracia", esperando pacientemente a que la televisión deje de filmar mientras los tanques le aplastan cruelmente

Iniciamos en Manos Fuera de China la publicación de una serie de capítulos de la obra del camarada Ludo Martens 'De Tiananmen a Timisoara' (Ediciones EPO, 1994), que yo mismo traduje en 2010 para su publicación en un folleto editado por una organización comunista cuyo nombre no debería desvelar. He aprovechado la ocasión para corregir ciertos errores de estilo y de traducción que existían en el texto anterior. 

Se trata de cuatro capítulos al final del libro, que versan sobre los sucesos contrarrevolucionarios de la plaza de Tiananmen en 1989, hechos que podrían ser homologables a los procesos contrarrevolucionarios que restauraron integralmente el capitalismo en Europa del Este el mismo año. Y digo bien integralmente, puesto que dicha restauración ya se había hecho parcialmente, por mucho que reconocer este hecho pueda irritar a algún fanático retro-fetichista "pro-soviético". Así, mientras caía el Muro de Berlín y los regímenes socialistas en Hungría, Checoslovaquia, Polonia, etc. se derrumbaban de forma incruenta, la misma intentona contrarrevolucionaria pro-imperialista en China fracasaba ante la intervención del Ejército Popular de Liberación. Cosa que provocó los griteríos escandalosos de ong's pseudo-humanitarias financiadas por la CIA así como en el conjunto de la burguesía occidental, denunciando la "masacre" y las "violaciones de derechos humanos" por parte del gobierno chino (por cierto, como bien apunta Ludo Martens, ese tema de los "derechos humanos" iba a ser recurrente desde entonces, hasta nuestros días). 

Aquellos que defendíamos el socialismo en el mundo, sabíamos que, al igual que en Timisoara[1], la represión de la que hablaban los medios de comunicación sobre el movimiento pro-occidente de Tiananmen, no había sido tal. Pero es que curiosamente, recuerdo como pocos meses después terminar la traducción de los textos, en junio de 2010 el portal Wikilieaks difundía un cable secreto[2] de la Embajada de Estados Unidos en Beijing, desmintiendo la versión oficial de EEUU según la cual hubo un baño de sangre en Tiananmen, estudiantes arrollados por los tanques, etc., confirmando así el testimonio del gobierno chino. El propio Ludo Martens, como podréis ver en los extractos de su libro, ya se encargó en su día de desmentir buena parte de toda esta propaganda. 

No publicamos esta serie sobre Tiananmen, como quien dice, "por poner algo". No se trata de una cuestión baladí. La comprensión de lo que supusieron los sucesos de Tiananmen tienen una importancia TRASCENDENTAL si queremos comprender algo de la China actual. Si uno obvia lo que sucedió en el fatídico año 1989, nunca comprenderá nada a la política y la economía de la República Popular China y errará en su análisis. Mientras el socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética se derrumbaba como un castillo en naipes (a excepción de Rumanía), el régimen socialista de la República Popular de China, con el Partido Comunista a la cabeza, era preservado. Y todo ello pese a 10 años de lo que algunos dogmático-revisionistas llaman, de manera simplista, "reformas capitalistas". Reformas iniciadas con la política de Reforma y Apertura de Deng Xiaoping, que, nadie lo cuestiona, pudieron (y digo bien, pudieron) originar una ola de privatizaciones, inversiones de capital extranjero y corrupción que escapara al control del Partido Comunista. Si embargo, si tan malas eran las políticas iniciadas en 1978 en la República Popular de China, ¿podría algún dogmático-revisionista explicarnos por qué venció el socialismo en China mientras que fue derrotado en la Unión Soviética, y ello pese a que la República Popular de China tuviera que hacer frente a todo un movimiento de masas que gozaba del apoyo mediático y logístico del imperialismo? ¿No será por qué el socialismo en China estaba mucho más implantado entre las masas? ¿No será por qué los dirigentes chinos no eran tan "revisionistas", como puede afirmar algún retro-fetichista pro-soviético, señalando la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el suyo propio?

En cuanto al autor, Ludo Martens, se trata de un maoísta ortodoxo y un fervoroso partidario de la "Revolución Cultural" , y por lo tanto suele ser crítico con el camarada Deng Xiaoping y con las reformas que emprendió, aunque reconoce que tenían algo de justo. Las concepciones de Ludo Martens no son, pues, las que imperan en la gran mayoría de artículos que se publican en este blog, pero se ha de reconocer el valiosísimo trabajo de Ludo Martens sobre los sucesos de Tiananmen, así como en tantas otras cuestiones. Cuando abrí este blog nunca pretendí sentar cátedra sobre ninguna cuestión relativa a China ni imponer una visión unilateral de las cosas.Y aunque no sea un partidario del maoísmo más ortodoxo, entiendo que, si nos queremos acerca a la verdad, se han de conocer las opiniones de las distintas facciones en lucha dentro del proceso de edificación socialista en China. La publicación de esta serie puede ser un buen comienzo para tratar de ver, y sobre todo reconocer, lo que pudo haber de justo en las posiciones que defendió Mao al final de su vida, puesto que, como bien señala Ludo Martens en su artículo, muchas de las manifestaciones más negativas de la ola de privatizaciones que tuvo lugar en los años 80 fueron objeto de crítica por parte de Mao durante la "Revolución Cultural". Una cuestión que volverá a abordar Ludo Martens en los siguientes capítulos que publicaré en los próximos días. 



El auge del capitalismo y del revisionismo en China 

Seis meses antes de Timisoara, hubo Tiananmen. Los medios de comunicación del mundo “libre” que habían desvelado su macabra fisonomía en el momento de la escenificación del "osario de los 4630 cadáveres horriblemente mutilados” en Timisoara, ya habían demostrado cuál era su papel político esencial, al servicio de la contrarrevolución, durante los sucesos de la Plaza de Tiananmen en mayo y junio de 1989. La noche de la intervención del Ejército Rojo, la televisión nos mostró imágenes de tanques chinos aplastando a cientos de pacíficos estudiantes en la Plaza de Tiananmen. El 5 de junio, Amnistía Internacional, esa eficiente máquina de creación de mentiras cuando se trata de atacar a los países socialistas y nacionalistas, dio la cifra de al menos 1300 muertos, habiendo sido algunos estudiantes aplastados por tanquistas sanguinarios mientras dormían apaciblemente en sus tiendas.
            
El domingo 5 de junio, un obrero comunista de una gran fábrica de automóviles había grabado en vídeo las imágenes del telediario. “Aquella noche repasé esas imágenes al menos veinte veces. Llegué a la conclusión de que los comentarios de los periodistas eran falsos y que en las imágenes no se veía a ninguna persona aplastada por los tanques.” Más tarde, Amnistía Internacional reconocería “haberse equivocado”. Pero, ¿cuánta gente, traumatizada por la verdad sobre el comunismo chino “que pisotea despiadadamente a sus pacíficos estudiantes bajo el rodillo de sus tanques”, verdad reproducida por estos valientes defensores de los derechos humanos que es Amnistía Internacional, supo que era mentira?
           
Un año después de los sucesos de Tiananmen, disponemos de suficiente información fiable para elaborar un análisis de clase objetivo. Pero para entender los intereses políticos y económicos defendidos por el “movimiento por la democracia” de abril-junio de 1989 en Pekín, primero tenemos que tomar conocimiento de tres fenómenos negativos que se desarrollaron en China entre 1979 y el año fatal de 1989. 

Economía: el regreso de los empresarios

Primero hablemos de la esfera económica. Los diez años de reformas de Deng Xiaoping contribuyeron a un innegable progreso material. Pero también aumentaron la influencia del capitalismo y del imperialismo en China, reforzaron la base económica de las nuevas clases sociales que aspiraban a una contrarrevolución. La liberalización y la liberación de las fuerzas del mercado propulsaron fuerzas económicas opuestas al socialismo que, tarde o temprano, se lanzarían a una lucha por el poder. Es lo que hicieron con el supuesto “movimiento por la democracia” en la plaza de Tiananmen.
             
La entrada del imperialismo

Según Beijing Information, hacia finales de 1988, China había firmado 16.325 acuerdos de importación de capitales extranjeros por un total de 79,2 mil millones de dólares. De esta suma ya ha recibido préstamos por un monto total de 33 millones de dólares, y también 11,5 millones de dólares en concepto de inversiones directas. Los mayores inversores son Hong-Kong, con 8 mil millones de dólares, Japón con 2 mil millones y los Estados Unidos con 1,7 mil millones.[1] 

Con las inversiones extranjeras, las concepciones económicas del mundo imperialista penetraron en China. Así, el 12 de septiembre de 1988, Zhao Zhiyang recibió a Milton Friedman y elogió sus ideas sobre economía. Lee Iaccoca, el presidente de Chrysler, impartió conferencias sobre el espíritu empresarial en el palacio de la Asamblea del Pueblo.[2] Según la agencia de noticias Xinhuala Comisión para la Reforma Económica de China declaró a finales de 1988: “En el marco de la reforma económica de China, no hay nada que no esté abierto a la participación extranjera, ni siquiera el estudio de la transformación del sistema económico”. Durante ese año, la Comisión escuchó la opinión de 1500 especialistas extranjeros, y concluyó que se podía “aprender mucho del desarrollo económico de Occidente”. Había invitado a China a especialistas occidentales en el campo de las finanzas, la gestión empresarial, la formación de precios, la política de inversión y control de la inflación. Sus puntos de vista “aportaron una contribución positiva tanto práctica como teórica a la reforma económica.[3]
            
La influencia ideológica de Occidente

Durante los últimos diez años, varias decenas de miles de estudiantes chinos hicieron sus estudios en Estados Unidos. El Partido Comunista chino propagó el culto a los logros tecnológicos de los Estados Unidos y la sociedad de consumo estadounidense. Las consecuencias negativas de ello no se hicieron esperar.

Cientos de miles de intelectuales comenzaron a escuchar las radios del imperialismo: La voz de América y la BBC.

Un periódico próximo al gobierno norteamericano escribió acerca de las manifestaciones en Pekín: “los participantes en el movimiento estudiantil se comunicaban con sus universidades de América del Norte y Europa por teléfono, fax y correo electrónico. El número de llamadas telefónicas entre los Estados Unidos y China se triplicó durante en el mes de mayo.”[4]

Shaomin Li, antiguo guardia rojo y ex-estudiante en Pekín, médico en la Universidad de Princeton en los Estados Unidos, ahora trabaja para AT&T. Su posición representativa muy bien la de muchos chinos que estudiaron en Occidente. “Muchos intelectuales chinos, entre los que me incluyo yo, hemos llegado a considerar que Taiwán es un modelo para la reestructuración socio-económica en China. [...] La propiedad privada y el mercado libre son los fundamentos de la libertad política. [...] Las instituciones capitalistas proporcionan prosperidad y libertad; las instituciones comunistas, la pobreza y el caos. [...] Con Taiwán como ejemplo, los chinos de la República Popular son más propensos que los ciudadanos de otros países comunistas a rechazar la doctrina marxista y conseguir las reformas. Es por ello que Milton Friedman dijo: 'Yo soy más optimista con respecto a China que a la Unión Soviética. Los chinos tienen un gran recurso que son los chinos de fuera. El éxito de los chinos en Hong Kong, Singapur, Taiwan, ha generado en el interior de China una inspiración que los ejemplos de Polonia, Hungría o Yugoslavia no pueden crear en la Unión Soviética.” Según una encuesta, llevada a cabo por Li Shaomin entre 607 estudiantes chinos en los Estados Unidos, el 90% de ellos apostaba por la supresión de las referencias al marxismo-leninismo y el liderazgo del Partido Comunista en la constitución, el 86% decía que China tenía que inspirarse en la experiencia de Taiwán, y el 60% era favorable a una economía liberal de tipo taiwanés.[5]
            
Milton Friedman, aliado de Pinochet, iluso tecnócrata que esperaba instaurar el neoliberalismo en China. 

El desarrollo de una burguesía en China

La muy razonable política de desarrollo limitado de un sector capitalista en China, acabo por desbordarse y terminó en una marea salvaje de empresas capitalistas. Según las estadísticas oficiales, durante el año 1988 el 22% de la inversión inmobiliaria se realizó en el sector privado por un importe de 100 mil millones de yuanes, un aumento del 25% respecto al año anterior. El valor de la producción industrial en el sector privado registró un aumento del 46% durante ese mismo año, y la producción de las empresas rurales, a menudo muy próximas a las empresas privadas, se incrementó en un 35%.[6]

La revista Far Eastern Economy Review estimó que en 1988 el 37% de la producción industrial fue realizada por el sector de propiedad privada y colectiva, un porcentaje que tendría que pasar al 50% en 1993.[7] El semanario Business Week, por su parte, saludada, en el momento en que los hechos tenían lugar en Pekín, “la aparición de una nueva China de empresarios prósperos. [...] Las empresas privadas utilizan medios no autorizados para recaudar dinero. [...] La nueva China está asfixiando a la China tradicional en el terreno de los capitales”.[8]        

Las fuerzas que estaban detrás del movimiento “democrático”

El imperialismo y el capitalismo, muy presentes en China en el sector económico, apoyaron al movimiento supuestamente democrático de los estudiantes y los “reformistas” del entorno de Zhao Ziyang, con el fin de crear una fuerza política legal. En mayo de 1989 Business Week escribía: “Muchos hombres de negocios extranjeros en China apoyan a los reformistas en la idea de que una mayor libertad política sólo puede fortalecer el comercio a el largo plazo.”[9] El diario británico The Guardian señaló: “Es interesante observar como algunos apoyos a los puntos de vista pro-democráticos provienen de los nuevos empresarios ricos”.[10] Far Eastern Economy Review anotaba, siempre en el mismo mes de mayo de 1989: “El mundo de los negocios de Hong Kong es favorable a las demandas de los estudiantes exigiendo más reformas y más democracia. Los magnates de Hong Kong Li Ka-sing, Sir Y.K. Pao y Stanley Ho expresaron públicamente su apoyo. La presión a favor de una apertura política podría, en opinión de alguno, ser muy positiva para el futuro del capitalismo en China”.[11]            

Política: alabanzas hacia la democracia burguesa

El segundo fenómeno que marcó la evolución de China entre 1979 y 1989 se encuentra en el terreno político, donde se vio el surgimiento de una nueva fuerza política contrarrevolucionaria.

Desde que China predicara el desarrollo de un sector capitalista y la introducción de las multinacionales, hemos vemos surgir en el ámbito político las primeras fuerzas anti-socialistas. En 1979, Pekín tuvo su “muro de la democracia” en donde se plasmaban todo tipo de tendencias anticomunistas. El 9 de marzo de 1979, un famoso periódico mural anunciaba: “Luchamos para que China conozca los verdaderos derechos humanos y una democracia verdadera”, mostrando así la bandera bajo la que los anticomunistas irían a caminar en la década siguiente. De hecho, las palabras “derechos humanos” y “democracia” sirven para ocultar la mercancía ideológica que vende el imperialismo. He aquí los principales puntos del programa que preconizaba este periódico mural. En primer lugar: “Preconizamos el estudio de la cultura y la civilización inspiradas por el espíritu de Cristo, proponemos tomar ejemplo de los sistemas democráticos basados en las enseñanzas del cristianismo.” Después: “Reclamamos el abandono de las nociones anticuadas del pensamiento de Mao Zedong, la revisión de los principios del marxismo que no concuerdan con la realidad y la abolición de la lucha de clases.” En tercer lugar: “Exigimos que el Partido Comunista, que era propiedad de Mao Zedong, vuelva a ser el Partido del pueblo entero.” Y, por último: “Llamamos al Partido Comunista chino y al Kuomintang a colaborar de nuevo en el marco de las nuevas condiciones históricas.[12]            

Wei Jing-sheng, el pequeño Le Pen chino

Wei Jing-Sheng es el hombre que entre 1978 y 1979 sostuvo con mayor empeño las concepciones políticas del imperialismo. Logró obtener cierta fama entre la derecha occidental al afirmar que China necesitaba una quinta modernización: la democracia. Lo que se esconde la palabra “democracia” se hace evidente cuando uno se toma la molestia de leer el programa de Wei.

Estas son sus tesis: “Las democracias burguesas occidentales permiten que los ciudadanos puedan expresar su voluntad a través de las elecciones y así decidir sobre el futuro del país. [...] Esta es la razón por la que ningún político burgués puede ignorar las opiniones de la gente sobre cualquier tema. [...] La base económica sobre la que descansan los gobiernos democráticos es el sistema de libre empresa. [...] En Occidente, los trabajadores han conseguido enviar delegados obreros a los consejos de administración y ocupan allí la mitad de los puestos. [...] En la rivalidad que opone el capital al trabajo, los trabajadores están, de hecho, en una mejor posición en un sistema donde la mayoría puede decidir sobre la política. [...] Hago un llamamiento a los que piensan así a ponerse detrás de la bandera de la democracia. El socialismo marxista es, sin excepción, un sistema social dictatorial antidemocrático. [...] Tenemos que concentrar nuestro odio contra este sistema criminal que trata al pueblo de forma tan escandalosa.”[13]            

Wei Jing-sheng, antiguo guardia rojo, líder del movimiento pro-imperialista "por la democracia" y ganador del premio Sajárov en 1996

Los estudiantes contra el socialismo

Estas ideas contrarrevolucionarias, defendidas en 1979 por Wei y un pequeño círculo de amantes del imperialismo, tuvieron un eco creciente entre los intelectuales en los años siguientes. Hubieron múltiples causas para ello. El Partido Comunista prácticamente abandonó la educación marxista-leninista entre los estudiantes. Dejó de luchar contra las concepciones políticas del imperialismo. El liberalismo, la corrupción y enriquecimiento ilegal se extendieron en algunas facciones del partido.

Cuando entre 1985 y 1986 se desarrolló un movimiento estudiantil en las grandes ciudades chinas, “las emisiones de La voz de América jugaron un papel determinante”, tal y como lo confirmaría un periodista norteamericano expulsado de China por actividades de espionaje.[14] Durante estas primeras acciones estudiantiles, el profesor Fang Lizhi declaró que China tenía que abandonar el marxismo como la ropa vieja que se tira. Wang Ruowang reclamó una “reevaluación completa del desastre creado por Mao Zedong”. Lui Binyan denunció “la dictadura feudal-fascista” del Partido Comunista y afirmó que el capitalismo era superior al socialismo.[15] Tales afirmaciones tuvieron mucho eco en la facción de los estudiantes y los intelectuales que tenían como modelo a la élite intelectual de los países imperialistas y neocoloniales.

Durante los años 1987 y 1988, estos elementos, alimentados diariamente por las emisiones de La voz de América, pudieron difundir de manera amplia sus ideas en las universidades: el Partido no hacía allí ningún trabajo político digno de tal nombre.

En el año 1988, los núcleos contrarrevolucionarios prepararon acciones de masas para celebrar los tres aniversarios que debían celebrarse el año siguiente: el 70 aniversario del Movimiento Cuatro de Mayo, el 200 aniversario de la revolución francesa y el 40 aniversario de la Revolución china. Así, el 6 de enero de 1989, Fang Lizhi escribió una carta a Deng Xiaoping en la que mencionaba estas tres fechas y pedía que estos acontecimientos fuesen celebrados con liberación de Wei Jing-sheng, mostrando a las claras cuál era la plataforma política sobre la que pensaba actuar. Siguiendo a Fang, 33 intelectuales retomaron en una carta abierta la reivindicación de la liberación de Wei. Entre los firmantes estaba Su Shaozhi, que fue hasta 1987 director del Instituto de marxismo-leninismo y del pensamiento de Mao Zedong. A principios de marzo de 1989, 42 personalidades de los medios científicos y académicos, entre los que se encontraban varios miembros de la Asamblea Popular, firmaron otra carta abierta exigiendo también la liberación de Wei. Esta marea de cartas, centradas en Wei y sus ideas políticas, suscitó muchas discusiones entres los estudiantes. Así fue cómo comenzó la preparación política de la protesta de abril-mayo de 1989. 

El Partido al borde de la escisión
             
Un tercer fenómeno fue determinante en el surgimiento del movimiento de Pekín: la división interna del Partido Comunista China y el crecimiento de un ala revisionista muy influyente.
            
Hu y Zhao, el dúo revisionista

Hu Yaobang, nombrado secretario general del Partido en 1982, fue el representante más destacado de esta corriente. En 1981, su grupo denunció “la teoría según la cual las clases y la lucha de clases existen durante todo el periodo socialista y que la burguesía está en el interior del Partido comunista”.[16] Cuatro años más tarde, Hu declaraba: “hemos tomado la decisión de no utilizar más a partir de ahora la expresión de elemento anti-partido y anti-socialista”.[17] Con estas tesis, Hu aseguraba la tranquilidad para los elementos podridos, los burócratas, los corrompidos y los revisionistas. En 1988, Hu fue reemplazado por uno de sus cómplices en la fracción revisionista, Zhao Zhiyang.

Hu Yaobang, secretario general del PCCh entre 1980 y 1987

Para señalar el viraje ideológico, Beijing Information escribía en 1988: “Jruschov vuelve a tener cierta popularidad en China”. Y: “Stalin fue un dictador y de ninguna manera un revolucionario”. Se empezó a traducir en cantidades ingentes la literatura antiestalinista producida en los últimos años en la URSS, entre las que figuraban Las memorias de la maestra de Stalin, obra “científica” donde las haya. Cuando algunos comienzan a denigrar a Stalin, hay que estar atentos al verdadero mensaje que quieren transmitir. 

Así, el profesor Lu Congming, de la escuela del Partido que dependía del Comité Central, afirmaba que “la naturaleza de nuestra época cambia a medida que se pasa de la etapa imperialista a la del capitalismo social”.[18] ¡Así es como se elimina el peligro del imperialismo, tanto para el Tercer Mundo como para China! Y prosigue: “el capitalismo desarrollado puede producir elementos socialistas y pasar al socialismo de forma pacífica. [...] Tanto la economía socialista como la economía capitalista son economías de mercado socializadas. [...] El capitalismo contemporáneo es un buen modelo de mercado socializado”. Cando oímos barbaridades como éstas, comprendemos el furor de Mao Zedong cuando, durante la Revolución Cultural, criticaba a la “camarilla de revisionistas contrarrevolucionarios”.[19] Después, el profesor Lu inició un panegírico del capitalismo: “Vemos allí un cambio de la propiedad de los medios de producción, la propiedad social sustituye a la propiedad privada. Por otro lado, asistimos a la participación de los obreros en la gestión de su empresa. El macro-control del Estado sobre la economía es, de hecho, el principio de la economía planificada. La nueva repartición de las rentas por el gobierno y el desarrollo de la seguridad social contribuyen a debilitar las diferencias entre ricos y pobres.” Este revisionista presenta al capitalismo como una sociedad que ya ha realizado las promesas del socialismo; después, predica para China una política capitalista como la mejor forma de desarrollar el socialismo... ¡Y uno se da cuenta del parentesco ideológico existente entre Wei, aún en la cárcel, y el profesor Lu, que da clases a los cuadros superiores del Partido!

Pero la situación se vuelve aún más grave cuando la misma orientación política es expresada por Zhao Zhiyang, que en julio de 1988 afirma: “El Partido Comunista Chino va a trabajar conjuntamente con el Kuomintang de China para la reunificación en el más breve plazo. Los dos lados del estrecho (es decir, China y Taiwán) tienen muchísimo en común desde el punto de vista político, económico y de las tradiciones. A ambos lados se desea la cooperación, el desarrollo conjunto de la economía nacional, una mejora del nivel de vida y una China próspera, potente y moderna.[20] Esta concepción de la convergencia entre la China socialista y Taiwán, el reino de las multinacionales y del capitalismo salvaje, demuestra la justeza de la observación de Milton Friedman: los grandes capitalistas chinos de Taiwán, Hong Kong y Singapur empujan al continente hacia la restauración capitalista.

Zhao Zhiyang, el "Gorbachov chino", secretario general del PCCh entre 1987 y 1989, condenado bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 2005. 
            
El enfrentamiento en el seno del Partido

Para comprender el enfrentamiento político de mayo-junio de 1989 en la Plaza de Tiananmen, hay que saber que en enero de 1987 comenzó una primera lucha importante en el seno del Partido Comunista chino. El movimiento estudiantil del año 1986, directamente inspirado y dirigido por Fang Lizhi, había atacado las bases mismas del socialismo en China. Deng Xiaoping, que hasta ese momento había seguido firmemente al revisionista Hu Yaobang, cambia entonces su enfoque. El 28 de septiembre de 1986, declara: “En Hong Kong y en Taiwan, unas corrientes de opinión procuran luchar contra los cuatro principios fundamentales (el marxismo-leninismo y el pensamiento Mao Zedong, la vía socialista, la dictadura popular y la dirección del Partido Comunista) y predicar la vía capitalista para dar la impresión de que de esta forma lograremos la modernización del país. De hecho, esta liberalización simplemente viene a conducirnos por la vía capitalista.[21] El 19 de enero de 1988, Po Yipo presenta al Buró Político un informe que critica el trabajo de Hu Yaobang. “Hu Yaobang ha animado a los elementos activos que abogaban por la liberación burguesa y ha adoptado una posición de comprensión y protección hacia éstos. Todo esto ha llevado directamente a que se nos pida suprimir los cuatro principios fundamentales, a que procedamos a una occidentalización integral y a que practiquemos un sistema político y una economía capitalistas.[22]

La caída de Hu Yaobang debilitó al núcleo revisionista a la cabeza del Partido. Sin embargo, Deng Xiaoping hizo nombrar a otro representante de esta misma corriente, Zhao Zhiyang, como nuevo secretario general.

Pero durante el transcurso de la lucha que llevó a la caída de Hu, las posiciones de la izquierda del Partido tuvieron un eco creciente. Chen Yun declara: “La fuente de la liberalización burguesa se encuentra en el sector económico. Una economía planificada es socialista, una economía de mercado es capitalista y promover una economía de mercado es promover el capitalismo, y esta es la causa fundamental de la liberalización.[23] Al denunciar la vía capitalista, Chen Yun también criticó la corrupción que lleva asociada: “Los dirigentes del Partido tienen que dar ejemplo al pueblo. Deben estar a la cabeza de la lucha por la eliminación de la corrupción de la clase capitalista y las tendencias nefastas que provienen de la misma. Muchas empresas son dirigidas por familiares cercanos de altos dirigentes. Éste es un problema muy grave.[24]

En 1988, Zhao Zhiyang, el nuevo secretario general, continúa protegiendo a los grupos revisionistas colocados por Hu Yaobang en la dirección de ciertas instituciones del Partido e incluso les permite extender su influencia. Ya en 1986, el colaborador más cercano de Zhao, Bao Tong, había autorizado la creación en Pekín del Fondo para la reforma y la apertura de China, financiado por Georges Soros, un importante hombre de negocios americano.[25] El entorno de Zhao Zhiyang defendía el siguiente punto de vista, expresado por intelectuales chinos regresados de los Estados Unidos: “Creemos que un cambio en el sistema de la propiedad del Estado no solamente es una necesidad histórica, sino que es realizable en la práctica. Nuestro plan es éste: organizar un programa global de privatización del sistema de propiedad estatal.[26] En noviembre de 1988, Li Yining, profesor en la Universidad de Pekín y colaborador próximo de Zhao, subraya: “El objetivo final es la creación de mercados bien gestionados, de tipo capitalista, para las mercancías, las finanzas, el trabajo y la vivienda.[26] Esta posición es confirmada por un otro colaborador de Zhao, Chen Yi-zi: “Zhao estaba convencido de que una economía planificada de tipo stalinista no podía funcionar en China y que hacía falta una economía de mercado.[28]

Es interesante anotar un último punto. En el momento de las manifestaciones estudiantiles, un periódico de Hong Kong escribió: “Zhao solicitó a una comisión que prepare una propuesta de reforma política que incluyera ideas para una competencia multipartidista y una prensa independiente.[29] El multipartidismo en China significa ante todo la legalización del Kuomintang, el partido fascista en el poder en Taiwán. En lo relativo a la prensa “independiente”, dependería completamente de los medios financieros de Taiwan, Hong Kong y Estados Unidos. Pero con su opción por el multipartidismo, Zhao es aclamado en Occidente como un demócrata. Y, sin embargo, es precisamente el grupo de Zhao Zhiyang quien había reclamado, a finales de 1988-principios de 1989, un “nuevo autoritarismo” para llevar a cabo las reformas capitalistas. Se cuenta que el 6 de marzo, el mismo Zhao le dijo a Deng Xiaoping: “Un país subdesarrollado que quiere modernizarse tiene que pasar por una cierta etapa durante la cual precisa del impulso de un gobierno fuerte y autoritario.[30] Hablando claro: para hacer tragar la democracia burguesa y la libertad de mercado, hace falta un gobierno autoritario capaz de vencer las resistencias a la restauración capitalista.

A finales de diciembre de 1988, la lucha entre los revisionistas y los marxistas-leninistas conoce un segundo auge. Una persona cercana a Zhao Zhiyang reúne a trescientos intelectuales en un seminario en el que célebres “reformistas” del Partido, como Yan Jiaqi e Su Shaozhi, toman la palabra para denunciar las campañas del pasado contra el liberalismo burgués. Los textos, que defienden el capitalismo con la mayor vehemencia, son publicados posteriormente en el World Economic Herald de Shangai. En su editorial, el diario apunta: “Tenemos que tener el valor de sacar lecciones de las formas democráticas modernas que han sido desarrolladas en el capitalismo occidental.[31] Esta agitación derechistas por parte de los intelectuales reformistas del Partido influyó directamente a los medios estudiantiles de la capital.

Chen Yun declara en ese momento que “todo el frente ideológico está ocupado por la burguesía, no queda nada de proletario”. Wang Zhen y Po Yipo le insisten por tres veces a Deng Xiaoping que Zhao Zhiyang sea reemplazado en su puesto de secretario general. En el mes de marzo de 1989, Li Sien-nien va a casa de Deng para insistirle de nuevo en la necesidad de esta dimisión, que podría tener lugar en la cuarta sesión plenaria prevista para las próximas semanas.[32] Es en medio de estas luchas en el seno del Partido Comunista que comenzó, en abril, el movimiento estudiantil.     

El camarada Chen Yun (1905-1995), héroe del pueblo, presidente de la Conferencia Consultiva Política en 1989,  luchador contra la restauración burguesa en China.


[1] Beijing Information, 6 de marzo de 1989, p.21.
[2] La Chine, febrero de 1989, p.12.
[3] China Aktual, septiembre-octubre de 1989, p.37.
[4] Problems of communism, septiembre-octubre de 1989, p.37.
[5] Orbis, verano de 1989, p.327-335.
[6] Beijing Information, 6 de marzo de 1989, documentos II-IV.
[7] Far Eastern Economic Review, 29 de mayo de 1989, p.18.
[8] Business Week, 5 de junio de 1989, p.21-22.
[9] Business Week, 5 de junio de 1989, p.28.
[10] The Guardian, 10 de mayo de 1989, por Cliff Du Rand.
[11] Far Eastern Economic Review, 1 de junio de 1989, p.66.
[12] La primavera de Pekín, Gallimard, París, 1980, p.69-71 – El deshielo, 9 de marzo de 1979.
[13] De papieren lente, Aula-paperback 64, Het Spectrum, Amsterdam, 1981, p.96-97, 123, 128.
[14] Lawrence Macdonald y Jean-Christophe Tournebise, El Dragón y el Ratón, Bourgeois, Paris, 1987, p.84.
[15] Ibídem, p.204, 205, 229-230.
[16] Beijing Information, 2 de noviembre de 1981, p.21.
[17] Beijing Information, 9 de enero de 1989, p.21-23.
[18] Circular del Comité Central, 16 de mayo de 1966..
[19] Beijing Information, 25 de julio de 1988, p.5.
[20] Lawrence Macdonald, op. cit., p.238.
[21] Ibídem, p.242.
[22] The China Quarterly, junio de 1988, p.182.
[23] The Mirror Monthly, abril de 1989, p.22-24, en Inside Mainland China, junio de 1989, p.7.
[24] Problems of Communism, septiembre-octubre de 1989, p.19.
[25] Wide Angle Monthly, abril de 1989, p.62-65, en Inside Mainland China, junio de 1989, p.14.
[26] International Herald Tribune, 2 de noviembre de 1988.
[27] Le Monde, 8 de septiembre de 1989, p.1.
[28] Problems of Communism, septiembre-octubre de 1989, p.19.
[29] Pai-hsing, Semi-Monthly, 16 de mayo de 1989, p.25, en Inside Mainland China, julio de 1989, p.22.; Problems of Communism, septiembre-octubre de 1989, p.19.
[30] Problems of Communism, septiembre-octubre de 1989, p.4.
[31] Ibídem, p.4-5.
[32] Petición contra la represión en China, Annmedie Demedts, Socialisme Sans Frontières.

1 comentario:

J dijo...

Muchas gracias. ¿Esto se tradujo del inglés? ¿O dónde puedo ver el original? No lo encuentro en internet.