lunes, 17 de diciembre de 2018

China, vanguardia de la ecología real

Ciudad-bosque de Liuzhou, en proyecto para 2018, enteramente autosuficiente en el plano energético y destinada a la mejora de la calidad del aire y de la biodiversidad.
*Artículo que nos han facilitado de la página ecologista en francés "Germinal", que data de junio de 2017 pero que por su interés hemos decidido traducir y publicar hoy. 

Por Guillaume Suing

Es algo que ya se sabe: China es uno de los principales contaminantes del mundo. Evidentemente, siempre se cita la cifra bruta, pero jamás la cifra por habitante[1]… ¡pero es ahora evidente que el voluntarismo del Estado chino en materia de lucha contra la contaminación del aire y el calentamiento climático, que constó en particular en el último Congreso del Partido Comunista Chino en 2012 [NdT: a día de hoy el último Congreso del PCCh ya fue en 2017], está dando sus primeros frutos, que son de una talla considerable!

En efecto, China ha pasado de la simple represión financiera de las fábricas más contaminantes (que se mantiene en la actualidad pero se está encontrando evidentemente con frenos locales en el plano del sector privado) al financiamiento masivo de grandes planes urbanos de restauración de la calidad del aire y la biodiversidad, así como a una política tenaz de reconversión energética del territorio.

En lo que respecta a la energía, se sabe por ejemplo que proyectos de centrales nucleares chinas descansaban inicialmente en el principio de “fisión de sal fundida” (torio), cosa en la cual los chinos fueron pioneros en los años 70, oponiéndose al principio de fisión del uranio (centrales nucleares de alto riesgo y de fuerte producción de residuos radiactivos en nuestros países)[2]. Este tipo de central, que limita de forma considerable los residuos, ya no se estudia en Occidente a falta de financiamiento y bajo la presión del lobby militaro-industrial: éste recicla el uranio empobrecido para armamento, mientras que las centrales de sales disueltas no lo producen y emplea el mismo combustible para las bombas atómicas. Es a falta de tecnología que el país [NdT: probablemente se refiere a Francia] tuvo que abandonar esta oportunidad en los años 70, pero el Estado chino lleva a cabo actualmente el único proyecto de gran amplitud en la actualidad para la implantación de estas centrales, con un financiamiento de 250 millones de dólares y una apertura en menos de 20 años (fuente “Un nuclear seguro existe, y China abre la puerta con el torio”, The Telegraph, marzo de 2011).[3] Ésta abrirá una verdadera revolución energética en la región.

El Estado chino quiere por lo tanto dotarse de energías llamadas “limpias”, rechazando los gases de efecto invernadero (no producidos por la energía nuclear) y no obstante de alto rendimiento, para salir de la muy contaminante industria del carbón, que aun domina el mercado chino.

Por otra parte, China se ha ilustrado recientemente al poner en marcha este año la primera mega-central flotante de energía solar en Huainan, cerca de Shanghái, y se coloca en el primer lugar mundial en lo que respecta a la energía hidroeléctrica (renovable, no intermitente y sin residuos).

En lo que respecta a los proyectos urbanos, estamos hablando de una indiscutible vanguardia: el Estado chino promueve en varias ciudades la construcción de “ciudades-bosques” para 2020, ¡y no se trata de “hermosas promesas”, es algo concreto! Se habla mucho este mes [NdT: se refiere al mes de junio de 2017] de la famosa Liuzhou Forest City, que será la primera ciudad enteramente concebida para la mejora de la calidad del aire, de la biodiversidad y del ahorro de energías. Podrá acoger a 35.000 habitantes. Una ciudad similar de 100.000 habitantes también está prevista en Shijiakhuang, así como dos grandes “torres forestales” en la ciudad de Nanjing (previstas para 2018), que son edificios revestidos con 23 especies de árboles y 2500 arbustos.

Liuzhou Forest City contiene 40.000 árboles y más de 100 especies diferentes, que podrán acoger la fauna, particularmente la avifauna local, y ofrecer a la ciudad una cobertura térmica natural que permita el ahorro de energía durante el invierno, y una sombra suficiente durante el verano. Esta cobertura vegetal absorberá 1000 toneladas de dióxido de carbono al año y 57 toneladas de contaminantes, produciendo al mismo tiempo 900 toneladas de oxígeno. La ciudad será enteramente autosuficiente en el plano energético: energía solar y energía geotérmica serán sus recursos
exclusivos.

Su superficie será voluntariamente reducida (175 hectáreas) para dejar un mayor lugar a la naturaleza circundante, y será conectada a las ciudades de alrededor mediante una red ferroviaria y de carreteras enteramente eléctrica.

El ejemplo de Liuzhou Forest City debería hacernos reflexionar más allá de la anécdota. ¿Propaganda totalitaria? ¿Bluf político? ¿”Capitalismo verde”? Nuestros ecologistas harían bien en hacerse las preguntas que se imponen: a partir del momento en que un país se ha desarrollado suficientemente en el plano económico (es el caso en nuestro país como en China), ¿por qué la ecología política debería ser objeto de suspicacia con términos como “proyecto faraónico”, “desmesurado” (términos encontrados en la prensa irónica, pero que está obligada a hablar de ello[4]) para promover solamente soluciones “familiares”, “locales”, en medio de un océano de agro-business, de productivismo industrial desenfrenado y de búsqueda capitalistas del máximo e inmediato beneficio? ¿No es evidente que los únicos proyectos viables y duraderos desde el punto de vista de la protección del medio ambiente a gran escala sólo pueden apoyarse sobre políticas pensadas, financiadas y planificadas por una economía nacional soberana, y nunca por la libre empresa y la competencia inter-imperialista? ¿No es evidente que a escalas diferentes, los únicos Estados que destacan en este tipo de política de protección medioambiental sean Cuba y China?

Al igual que en muchas otras cuestiones, desde la industria aeroespacial a las grandes políticas industriales en los países atrasados, es el socialismo, es decir la capacidad de invertir masivamente (y sin esperar un retorno inmediato de la inversión), a escala nacional y de manera coercitiva en planes de protección del suelo, de los recursos energéticos y del ambiente natural, quien resulta más efectivo y prometedor. Incluso en un grado menor en países que han sufrido un retroceso político debido a la desaparición del campo soviético en los años 90, se colocan de inmediato a la vanguardia de una verdadera “revolución verde”, cuyos resultados nuestros militantes ecologistas en los países imperialistas deben estudiar.

[1] Ocho toneladas de carbono producidos por habitantes en China contra diez en la Unión Europea y veinte en los Estados Unidos.
[2] Las centrales que funcionan en base a este principio son las únicas para las cuales un sobrecalentamiento del reactor se apaga inmediatamente por la dilución inmediata de la reacción en cadena, por la fundición de un tapón de control: la sal fundida es a la vez el fluido portador de calor y su primera barrera de confinamiento. Verte el documental del canal Arte “Torio, la cara oculta de lo nuclear” [https://www.youtube.com/watch?v=9tPoOMHxrao]
[3] http://www.telegraph.co.uk/finance/comment/ambroseevans_pritchard/8393984/Safe-nuclear-does-exist-and-China-is-leading-the-way-with-thorium.html
[4] https://sciencepost.fr/2017/06/chine-commence-construction-de-premiere-ville-forestiere-monde/

Fuente: https://germinallejournal.jimdo.com/2017/06/30/la-chine-avant-garde-de-l-écologie-réelle/

Geopolítica: Michel Collon sobre China y la Nueva Ruta de la Seda (3)

Romper los BRICS

El conflicto contra China y Rusia posee una dimensión más larga. Detrás de ellas, lo que Washington tiene como objetivo es el conjunto de los países del Sur: África, Asia, América Latina. El eje Beijing-Moscú será fuerte si consigue federar a diferentes países, en una gran alianza contra la hegemonía de los Estados Unidos.

Empezando por los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica). Porque al dúo ya citado se han añadido tres grandes economías del tercer mundo; Brasil, India y Sudáfrica. Y algunos de sus proyectos tienen razones para seducir a la mayoría de países del Sur. Particularmente el proyecto de banco Sur-Sur.

¿Qué proponen los BRICS? Desarrollar un sistema económico mundial que no dependa del dólar USA. Todos los países del Sur podrían así escapar al chantaje del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Y si los BRICS ya no utilizan el dólar americano, será el fin del actual sistema monetario internacional.

Este es el motivo por el cual las acciones llevadas a cabo estos últimos 20 años por los Estados Unidos, acciones en apariencia dispersas y sin relación entre ellas, deben ser analizadas a la luz de este gran propósito: romper los BRICS es una estrategia global que se desarrolla etapa por etapa. En esta estrategia Washington ha:

- provocado el estallido de la Unión Soviética para debilitar a Rusia.

- destruido Yugoslavia para privar a Moscú de un aliado y de un acceso al Mediterráneo.

- invadido Afganistán para instalarse en el corazón de las rutas de Asia.

- destruido Irak y Libia para debilitar a los árabes de Medio Oriente, aliados potenciales de la OCS.

- organizado una guerra sunitas-chiítas para aislar y debilitar a Irán.

- exacerbado el conflicto en las islas del Océano Índico para bloquear las rutas marítimas de Beijing.

- dado la vuelta a Birmania y Sri Lanka, dos etapas importantes para la Ruta de la Seda.

- trabajado para desestabilizar o darle la vuelta a Sudáfrica.

- organizado un golpe de Estado "jurídico" contra Dilma Rousseff en Brasil

2013, un giro histórico: el fracaso en el camino de Damasco

Claramente, Beijing es el motor de proyectos económicos y financieros que pueden transformar el mundo. Claramente, los Estados Unidos lo saben. Claramente, buscan la escalada militar por medio de injerencias militares alrededor de China. Siendo al mismo tiempo prudentes: una confrontación directa sería imposible de ganar y llevaría la potencia USA al abismo.

Frente a esta amenaza, ¿cuál es la táctica de China? Tiene todo el interés en que la competición económica y política se desarrolle de forma pacífica. Desde ese momento, el primer eje de su política internacional consiste en detener las aventuras militares de los Estados Unidos. Todas las naciones deben respetar el derecho internacional y solucionar sus conflictos en el marco de las Naciones Unidas.

En la nueva correlación de fuerzas internacional que se ha creado en los últimos años, ya no es tan simple poner en práctica la estrategia de Thomas Friedmann que hemos evocado antes: los marines como puño escondido de MacDonald's. Incluso Bush se vio obligado en 2006 a sustituir su ministro de la guerra, el super-halcón Donald Rumsfeld, por Robert Gates. Éste había sido director de la CIA, conocía mejor el terreno y se mostraba mucho más prudente. Su discurso inaugural en la Academia militar de West Point era notable: "No luchéis a menos que os veáis obligados a ello. No luchéis jamás solos. Y no luchéis jamás durante mucho tiempo."[1]

Consciente él también de los medios limitados de los Estados Unidos, Obama renunció a desatar una guerra contra Irán. Estaríamos aislados frente a China (que tiene una gran parte de nuestra deuda), frente a Rusia e incluso frente a Europa, decía. Había que hilar más fino. Es lo que hizo para atacar a Libia, y luego a Siria. Nada de GI's en el terreno, se empleó y se armó a fuerzas locales (terroristas en ambos casos), se mete en la operación a los europeos (partidos socialistas incluidos) y se cuida mucho las mentiras mediáticas para adormecer la opinión pública. ¡Objetivo conseguido!

Pero un acontecimiento decisivo ocurrió en 2011. Washington le tendió una trampa a Moscú y a Beijing diciendo que la intervención de la OTAN en Libia sólo tenía como objetivo el establecer una no fly zone para proteger a los civiles. En realidad el verdadero objetivo era, desde el principio, eliminar a Gaddafi. Para apoderarse del petróleo y del oro libios, privar a los países africanos de un financiero alternativo y transformar la correlación de fuerzas en Medio Oriente y en África, y por lo tanto en el mundo.

¡Una vez, pero no dos! Cuando en agosto de 2013 Obama, Cameron y Hollande quisieron bombardear Damasco (esta vez con la mentira mediática de las armas químicas), se encontraron con el veto de Beijing y Moscú. Hasta hubo una ayuda militar (discreta al principio). Este acontecimiento constituye un giro histórico comparable a la batalla de Stalingrado de 1943. El mundo ha podido darse cuenta de que los Estados Unidos ya no pueden agredir a cualquier país como lo deseen. El Imperio está desnudo. El mundo ha cambiado.

[1] Le Soir (Bélgica), 23 de abril de 2008.

El largo rastro de Deng Xiaoping

Por Xulio Ríos

En la historia contemporánea de China, el año 1978 marca un punto de inflexión. Se cumplen ahora cuarenta años del inicio de la política de reforma y apertura que abrió un nuevo tiempo en el proceso iniciado en 1949, cuando Mao Zedong proclamó que China se había puesto en pie. El largo mandato del Gran Timonel estaría salpicado de graves errores y tensiones en una pugna interna constante entre quienes privilegiaban el cambio de la mentalidad frente a quienes primaban la transformación de la realidad material. El antagonismo entre la ideología y la economía a la hora de priorizar la acción política solo pudo resolverse adecuadamente tras su muerte en 1976. Fue entonces cuando Deng Xiaoping, el Pequeño Timonel, tuvo el atrevimiento y la originalidad de proponer la construcción del socialismo dando un rodeo por el capitalismo.

Deng Xiaoping, figura clave

Tras la muerte de Mao, Deng Xiaoping, secretario general del Partido Comunista de China (PCCh) en los años sesenta bajo la presidencia de Liu Shaoqi, necesitó dos años aún de “avance en medio de la perplejidad” para hacerse con el pleno control del aparato estatal y partidario, indispensable para dar carpetazo al maoísmo.

Deng, apodado por algunos como “el Corcho” porque siempre salía a flote de las pugnas intestinas, renacía de nuevo de las cenizas para retomar en los ochenta el curso de China donde le habían obligado a dejarlo a principios de los años sesenta, en la etapa conocida como de “restauración burocrática” que siguió al colapso del Gran Salto Adelante. El “impenitente seguidor del camino capitalista”, el que “rehúsa corregirse”, debió librar una dura contienda con la llamada Banda de los Cuatro, capitaneada por la viuda de Mao, Jiang Qing, hasta despejar el horizonte para dar rienda suelta a su obsesión: superar a marchas forzadas el atraso de la economía china abriendo paso a la liberalización, el mercado, la autonomía empresarial, los nuevos derechos sobre la tierra, la inversión exterior o la diversificación de propiedades.

Modernización y rehabilitación

Reunido en la segunda quincena de diciembre de 1978, el Comité Central del PCCh impuso un cambio de rumbo situando la modernización económica como principal prioridad. La decisión fue acompañada de una amplia rehabilitación de muchos dirigentes que habían sido injustamente represaliados en los años precedentes, algunos a título póstumo como el propio ex presidente Liu Shaoqi.

Aunque la economía, y sobre todo la agricultura, acaparó la mayor atención del reformismo en aquellos años, la rectificación de la línea ideológica supuso también una importante recuperación de la institucionalidad interna, propiciando una mayor libertad de expresión. En aquel entonces, militaban en el PCCh unos 36 millones de militantes y más de la mitad habían ingresado en sus filas tras el inicio de la Revolución Cultural. No conocían otra vida política que no fuera el estado de agitación permanente. La insistencia en el rechazo de la coerción no era un recurso retórico. De un día para otro, los omnipresentes anuncios de las obras de Mao fueron sustituidos por otros de objetos de uso cotidiano, asociando la reforma con la mejora del bienestar.

Tres claves destacadas

El significado histórico del proceso iniciado en China en 1978 trasciende el reformismo económico. En efecto, aunque este ha sido el prisma que nos ha permitido captar en el exterior la singularidad y amplitud de la transformación china de las últimas décadas, realmente, lo novedoso y rupturista del cambio alentado por Deng Xiaoping fue la apertura al exterior. En una sociedad que durante siglos vivió aislada del mundo y convencida de su superioridad civilizatoria, la decadencia experimentada a partir del siglo XIX supuso un duro revés. La apertura lanzada por Deng no solo quebraba la autarquía defendida por Mao sino que pondría punto final al aislamiento milenario del viejo Imperio del Centro. China nunca más podrá dar la espalda al mundo.

La ruptura con un pensamiento anquilosado y dogmático permitió emancipar la mente y abrir paso a una experimentación enriquecedora que con su gradualismo facilitó la conformación progresiva de un modelo a la postre híbrido y complejo como manifestación del nuevo tiempo. La expresión “un gato, blanco o negro, es bueno con tal que cace ratones”, popularizada por Deng ya a inicios de los años sesenta y ahora de nuevo recuperada, abundaba en un pragmatismo orientado a elevar la producción sin importar la etiqueta ideológica del método utilizado.

El tercer elemento a tener en cuenta es la reconciliación con la tradición. La modernización impulsada por Deng, a diferencia de los movimientos occidentalizadores de finales del siglo XIX y hasta del propio maoísmo, sentaba las bases de una revitalización que le reconciliaría con su propia cultura. El progresivo eclecticismo ideológico de que haría gala el PCCh permitiría en pocos años nuevas lecturas e interpretaciones de las grandes corrientes del pensamiento clásico chino, haciendo las paces incluso con el confucianismo, tan reaccionario a ojos de Mao.

Siendo reformista en tantos aspectos, en modo alguno cabe imaginar que Deng fuera un liberal en el sentido occidental. A su fino trazo se debe la invocación de los cuatro principios irrenunciables que insisten en perseverar en la orientación socialista de todo el proceso.

Las consecuencias del giro denguista a la vista están: un crecimiento económico exponencial, enormes alteraciones sociales, una nueva proyección en el mundo, y también desequilibrios y desigualdades quizá en mayor magnitud de las imaginadas, hoy en fase de corrección.

Deng en tiempos de Xi Jinping

El actual líder chino, Xi Jinping, comparte con Deng los grandes ejes del modelo económico. A Xi corresponde culminar su transformación para hacer de China el país grande y poderoso que ansiaba Deng. Esta compleja tarea le reserva un espacio singular en el Olimpo político chino. Pero Xi podría aspirar a más.

Xi se distancia de Deng al intentar transformar las bases de la estabilidad política china cuando aumenta el poder del Partido en todos los aspectos diluyendo el papel del Estado, al primar la lealtad acrítica sobre la competencia o el debate democrático, o cuando sustituye la tradicional modestia por un desmedido activismo internacional.

Xi aspira a sustituir el paradigma del crecimiento por el de la norma como fundamento de la legitimidad del PCCh pero, paradójicamente, pretende hacerlo cuestionando al mismo tiempo aquella institucionalidad denguista que proveyó de un liderazgo colectivo a modo de dique contra el gobierno de un solo hombre, un patrón de comportamiento que junto al resurgir de otras prácticas asociadas con el maoísmo erosiona el legado de Deng.  Y es que Xi, núcleo de la quinta generación de líderes, no quiere ser su heredero, sino superarlo.

sábado, 15 de diciembre de 2018

China realiza gala por 40° aniversario de reforma y apertura

"Nuestros 40 Años", una gran gala en celebración del 40 aniversario de la reforma y la apertura de China, es llevada a cabo en Beijing, capital de China, el 14 de diciembre de 2018. Xi Jinping, Li Keqiang, Li Zhanshu, Wang Yang, Wang Huning, Han Zheng y Wang Qishan estuvieron entre los líderes del Partido Comunista de China (PCCh) y de Estado que se unieron a más de 3,000 personas para presenciar la gala en el Gran Palacio del Pueblo. (Xinhua/Xie Huanchi)

BEIJING, 14 de diciembre (Xinhua) -- Una gran gala se llevó a cabo este viernes en la noche en Beijing para celebrar el 40° aniversario de la reforma y la apertura de China.

Xi Jinping, Li Keqiang, Li Zhanshu, Wang Yang, Wang Huning, Han Zheng y Wang Qishan estuvieron entre los líderes del Partido Comunista de China (PCCh) y de Estado que se unieron a más de 3.000 personas para presenciar la gala en el Gran Palacio del Pueblo.

En el balcón del segundo piso del palacio colgaba un estandarte en el que se lee "Reúnanse estrechamente alrededor del Comité Central del PCCh con el camarada Xi Jinping como el núcleo, enarbolen en alto la bandera del socialismo con peculiaridades chinas, guiándose por la teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la triple representatividad, la concepción científica del desarrollo y el pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era, y hagan avanzar incesantemente la reforma y la apertura en la nueva era".

A las 19:55 hora local, Xi y otros altos líderes entraron al salón, saludaron de mano a los representantes de las personas premiadas por sus contribuciones destacadas a la reforma y la apertura, en medio de un cálido aplauso en la sede.

Con el nombre de "Nuestros 40 Años", la gala se dividió en Obertura, Parte Uno, Parte Dos y Epílogo. La Parte Uno reprodujo los grandes cambios que han ocurrido en China desde el inicio de la reforma y la apertura.

Culminó con un recital de poesía titulado "El Gran Despertar", que expresó la gratitud y admiración del pueblo chino hacia la reforma y la apertura.

La Parte Dos mostró de forma integral cómo el socialismo con peculiaridades chinas entró en la nueva era bajo la dirección del pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era.

La gala concluyó con una canción que expresó un futuro promisorio para la reforma y la apertura.

A través de manifestaciones artísticas como canto, danza, teatro y recitales de poesía, la gala ofreció la expresión plena de la determinación y la confianza del pueblo chino para llevar a cabo la reforma y la apertura todo el camino bajo el fuerte liderazgo del Comité Central del PCCh con Xi Jinping como el núcleo.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Trump y China: ¿guerra fría o guerra caliente?



Por Marc Vandepitte

A primera vista, el diferendo entre los Estados Unidos y China está ligado a un conflicto comercial. A China se le reprocha una competencia desleal y el robo de propiedades intelectuales. Los aranceles tendrían así como objetivo ponerle remedio a ello y subsanar el déficit comercial. Pero el análisis desvela una cosa mucho más fundamental, a saber los esfuerzos feroces de Washington para conservar la hegemonía en tres terrenos: la tecnología, las industrias del futuro y el armamento.
¿Llegarán los dos titanes al enfrentamiento? 

El poder absoluto y definitivo

Los Estados Unidos salen victoriosos de la Segunda Guerra Mundial. Todas las grandes potencias precedentes y emergentes son totalmente aplastadas. En Washington se sueña con un nuevo orden mundial en el cual solamente ellos controlan y deciden. Desgraciadamente la reconstrucción rápida de la Unión Soviética y el fin del monopolio nuclear le ponen trabas a este proyecto.

Pero a pesar de todo, medio siglo más tarde este sueño se hace realidad, con la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética. Desde entonces no habrá obstáculos a la supremacía: los Estados Unidos se convierten en el líder indiscutible de la política mundial, y cuentan con seguir siéndolo. Según el Pentágono en 1992: “Nuestro primer objetivo es impedir la aparición de un nuevo rival en la escena internacional. Debemos disuadir a los potenciales competidores, ni siquiera dejarles que puedan aspirar a jugar un papel más importante a nivel regional o mundial.”[1]

En este momento China no representa (de momento) una amenaza. Su economía está subdesarrollada, y su PIB sólo representa un tercio del de los Estados Unidos. Militarmente, el país no representa nada. Se considera ante todo a China como un territorio que promete beneficios económicos interesantes: dispone de un contingente gigantesco de fuerza de trabajo a buen precio y disciplinada, y en última instancia representa, con una quinta parte de la población mundial, una salida atractiva para los productos occidentales. A la inversa, China apunta hacia la inversión extranjera y el mercado mundial para poder desarrollarse rápidamente.

Occidente se hace ilusiones con que gracias a la “apertura” económica de China, el capitalismo se infiltrará irremediablemente y poco a poco irá sustituyendo el régimen comunista. Así se matará dos pájaros de un tiro: por una parte habrá perspectivas económicas favorables para las multinacionales, y por otra parte la eliminación de un adversario ideológico. Esta es la razón por la cual China pudo acceder a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001. 

La adhesión a la OMC constituyó una gran ayuda para la economía china. En 1995 el país se encontraba aún en el undécimo lugar en la lista de los exportadores de mercancías. 20 años más tarde está a la cabeza de la lista. Desde su acceso a la OMC, su economía se ha multiplicado por cuatro. 
Para los Estados Unidos también es un buen negocio. Las multinacionales estadounidenses hacen negocios de oro en China. El año pasado, sus ventas ascendieron a cerca de 500.000 millones de dólares, es decir 100.000 millones más que el déficit comercial entre los Estados Unidos y China. La importación de bienes de consumo chinos a muy buen precio aumenta el poder adquisitivo de la población estadounidense. También hay importantes ventajas monetarias. Para mantener un yuan alineado sobre el dólar, China compra masivamente dólares, lo cual proporciona a los Estados Unidos créditos a buen precio, lo que le permite mantener tipos de interés bajos. 

Más allá de las ilusiones

Pero (porque hay un gran pero), en lo que respecta a la toma interna del poder por el capitalismo o el debilitamiento del partido comunista, nada está ocurriendo como se preveía. “El Partido comunista chino no ha sido domado por el comercio exterior. El partido de Estado aún ejerce un gran control sobre los puestos de mando de la economía china, tanto directa como indirectamente, mediante su influencia en la empresas privadas, que sólo pueden tener éxito y permanecer privadas con el apoyo del partido”, según el economista Brad W. Setser.[2] 

Es lo que los círculos dirigentes de los Estados Unidos han terminado por comprender. En un discurso muy notable, el vicepresidente Mike Pence no se anda por las ramas: “Tras la caída de la Unión Soviética, habíamos concluido que una China libre sería inevitable. América, que era optimista a principios del siglo XXI, aceptó que Beijing tenga acceso a nuestra economía, y hemos acogido a China en la Organización Mundial del Comercio… Pero esta esperanza no se ha hecho realidad.”[3]

Los gigantes capitalistas, ya se trate de empresas financieras, industriales o digitales como Google, Amazon o Facebook hacen lo que quieren en casi todo el mundo. Pero no en China, que es uno de los escasos lugares del mundo donde estos gigantes tienen poco o un nulo control. El Reino del Medio ha dejado de ser un lugar de tránsito donde los bienes de consumo son ensamblados sin aportar gran cosa al país mismo. 

Que China ya no sea el terreno de juego de las grandes multinacionales, es algo “grave”. Pero lo que es más grave, es que la posición mundial de los Estados Unidos se ha debilitado, mientras que la de China se ha reforzado significativamente. En 1980 el PIB de los Estados Unidos representaba un tercio del PIB mundial, el de China una veintésima parte. Hoy ambos representan una cuarta parte.


Pero no se trata solamente de una evolución cuantitativa. Cualitativamente también, la economía china ha dado un gran salto adelante. En el plano tecnológico los progresos son notables. Hasta hace poco, el país era considerado como un imitador de tecnologías, ahora es un innovador. Hoy el 40% de todas las patentes en el mundo son chinas, es decir más que los tres países siguientes: Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. En 2015 era lanzado el plan ‘Made un China 2025’, que apuntaba a una mayor innovación y autonomía en 10 sectores importantes.

De esta manera, los productos chinos se vuelven cada vez más competitivos y en última instancia representan una amenaza para la supremacía de las multinacionales occidentales. Evidentemente, esto no es lo que se desea. Peter Navarro, un importante consejero económico de Trump, dice: “Con ‘Made in China 2025’, el gobierno chino apunta explícitamente hacia industrias que van desde la inteligencia artificial y la informática cuántica hasta vehículos autónomos… Si China conquista estas industrias, sencillamente los Estados Unidos ya no tendrán ningún futuro económico.”

¡Son los militares, idiota!

Pero según Navarro no se trata solamente de la economía, de la prosperidad o de los beneficios. “No es solamente la prosperidad americana lo que está en peligro. Las propiedades intelectuales que intenta adquirir China forman parte del núcleo de este concepto, y son la clave de una hegemonía militar duradera de los Estados Unidos.”

Las declaraciones de Navarro son muy significativas. El gobierno Trump hace hoy mucho ruido alrededor del déficit comercial, pero en realidad no es su preocupación primera. De lo que se trata, es del mantenimiento del liderazgo en tres terrenos: tecnología, industrias del futuro y armamento. Esta dominación está amenazada en primer lugar por China. 

Navarro no habla en su propio nombre sino en intérprete de la política del gobierno. Esta política está claramente expuesta en un informe[4] revelador del Pentágono que data de septiembre de 2018. Según este informe hay tres terrenos estrechamente imbricados. El avance tecnológico es necesario tanto para como para ganar en la competición económica como en la superioridad militar. El informe avisa: “El gasto chino en I+D converge rápidamente con el de los Estados Unidos y llegará sin duda a igualdad en un futuro próximo.” La referencia explícita es ‘Made in China 2025’. “Una de las iniciativas industriales más importantes del Partido Comunista Chino, ‘Made in China 2025’, tiene como objetivo la inteligencia artificial, la informática cuántica y los nuevos vehículos energéticos, los equipos médicos de alto valor, las herramientas médicas de alto valor, los componentes high-tech para navíos y otras industrias crecientes que son cruciales para la defensa nacional.”


La ‘Belt & Road Initiative’ (BRI) [NdT: Iniciativa de la Ruta y la Seda] también es motivo de preocupación. Se trata de una red china de rutas marítimas y terrestres que se extiende sobre 64 países, con inversiones, créditos, tratados comerciales y decenas de Zonas Económicas Especiales, por un valor total de 900.000 millones de dólares. “China ha intentado adquirir algunas infraestructuras cruciales de los Estados Unidos para formar parte de su BRI, notablemente vías férreas, puertos y telecomunicaciones. Las estrategias económicas de China, combinadas con los efectos negativos de la política industrial de otros países, constituyen una importante amenaza para la base industrial de los Estados Unidos y son por lo tanto un riesgo creciente para la seguridad nacional de los Estados Unidos.”

Pero la ligazón entre tecnología, economía y armamento va más lejos. Para poder mantener su superioridad militar, los Estados Unidos necesitan una sólida base industrial que les pertenezca a ellos. Las deslocalizaciones de partes de la economía estadounidense han cavado un hoyo en la industria de guerra y han minado así la seguridad nacional. La pérdida de casi 5 millones de empleos en el sector de la producción desde el año 2000 amenaza con socavar la capacidad y la potencia de los fabricantes americanos a la hora de satisfacer las necesidades nacionales de defensa. Esto suscita preocupaciones en cuanto a la industria de producción y la defensa. “Para algunos productos podemos contar actualmente con la producción interior, para otros dependemos de vías de aprovisionamiento exterior, y estamos confrontados a la posibilidad de no estar en condiciones de producir nosotros mismos componentes especializados para el ejército.”

La política proteccionista del gobierno Trump no está motivada por el déficit comercial. El informe sólo hace mención de ello de manera accesoria. El déficit comercial no es más que el efecto secundario de un problema más profundo. Se trata de asegurar una “base industrial de defensa sólida” basada en una “potente industria manufacturera interior” y “líneas de aprovisionamiento estables.” Se trata de “una prioridad nacional”.

Capacidad de defensa, en otras palabras, preparativos de guerra: he aquí de lo que se trata. Y no tanto de conflictos aislados a pequeña escala. Se trata en primer lugar de un esfuerzo de guerra masivo y de larga duración contra las “fuerzas revisionistas”, es decir China y Rusia. El informe ofrece consejos para “reestructurar fundamentalmente la economía estadounidense preparándola para un escenario de conflicto entre grandes potencias”. Según las palabras de un alto funcionario de la seguridad nacional: “Nos hemos preocupado por luchar en conflictos de baja tecnología contra gente que lanza cohetes desde camiones. Durante todo este tiempo China ha sido inteligente y ha progresado a paso sereno. Es ahora en esta cuestión donde nos concentramos.” 

Durante el siglo XX los principales esfuerzos de los Estados Unidos se centraban en la Unión Soviética, en el siglo XXI tienen que ver con “el peligro chino”. En el marco de las discusiones presupuestarias para 2019, el Congreso de los Estados Unidos declaraba que “la competencia estratégica a largo plazo con China es una prioridad esencial para los Estados Unidos”. Se trata no solamente de aspectos económicos sino también de una estrategia global que debe ser llevada a cabo en varios frentes. El enfoque exige “la integración de varios elementos de las fuerzas nacionales, en especial elementos diplomáticos, económicos, de los servicios de información, legales y militares a fin de proteger y reforzar la seguridad nacional”.[5]

Nos limitaremos aquí al aspecto económico y militar.

Un telón de acero económico

Trump aspira a reiniciar completamente las relaciones económicas entre los Estados Unidos y China. Según su ya conocido estilo: “Cuando llegué [a la Casa Blanca] íbamos en una dirección que pronto colocaría a China en condiciones de ser más grande que nosotros. Esto ya no va a suceder.”[6] Desde entonces, para impedir el auge de China, es indispensable disociar cuanto sea posible la economía de China de la de Estados Unidos. Tanto las inversiones chinas en los Estados Unidos como las inversiones estadounidenses en China deben ser limitadas y proscritas. Sectores estratégicos están en el punto de mira. El comercio bilateral debe ser restringido. A partir de este momento, los Estados Unidos imponen aranceles para cerca de la mitad de las importaciones china. Trump ha amenazado, si fuera necesario, con someter todas las importaciones a aranceles. Las exportaciones hacia China también están en el punto de mira. 

La economía china es fuertemente dependiente de componentes estratégicos como microchips. En mayo de 2018, la exportación de microchips hacia ZTE, un gran fabricante chino de equipos de telecomunicaciones, ha tenido que cesar sus actividades temporalmente, siendo amenazada esta empresa, que emplea a 75.000 personas. Kathleen Gaffney, un cuadro superior del sector, predice que esto no es más que un principio: “Somos líderes en materia de tecnología e innovación en las industrias de los microchips. China también quiere convertirse en líder en este terreno a largo plazo. De aquí a 2025 los microchips también serán producidos en China. Es por lo tanto muy importante que le hagamos la tarea difícil: controlar sus exportaciones. Es un verdadero aviso que perjudicará a China sin perjudicar al conjunto de la economía. Este es el tipo de acciones a las cuales vamos a asistir.”[7]

La mayoría de los observadores serios están convencidos de que los aranceles impuestos a China tendrán un efecto negativo sobre la economía china y apenas podrán solucionar el déficit comercial con China. Pero esto no es realmente la principal preocupación de Trump y compañía. Su preocupación es “tratar de perturbar el auge tecnológico de China, en lugar de cerrar un acuerdo que sería lo mejor para la economía americana”, según un inversor.[8]

El gobierno Trump trata de propagar su guerra comercial con China hacia otros países. Durante las recientes negociaciones con Canadá y México respecto de un nuevo acuerdo de libre comercio, Trump hizo insertar una cláusula prohibiendo a estos dos países el cerrar un acuerdo comercial con “un país fuera de la economía de mercado” – en otras palabras, China. El objetivo es concluir acuerdos similares con países como Japón, la Unión Europea y Gran Bretaña. Si los Estados Unidos lo consiguen, será un golpe duro para China y el comienzo de una especie de “telón de acero económico”, cerrando el país. 

Esta actitud anti-china no se limita a Trump y algunos halcones de su gobierno. Amplios segmentos del establishment consideran que los Estados Unidos y China están comprometidos con una rivalidad estratégica de larga duración y que el ascenso del gigante asiático representa una amenaza para la posición de los Estados Unidos. Existe un consenso creciente según el cual la política comercial y la gestión de la seguridad nacional ya no pueden ser separadas y según el cual la Casa Blanca debe dar una respuesta fuerte a su rival estratégico. La sed de confrontación aumenta. 

Se encuentra este humor anti-chino en los Republicanos, en los ideólogos del libre mercado, en los halcones de la seguridad nacional y en la gente del Pentágono. Pero también en los Demócratas, en una parte de los sindicatos y de la izquierda. Esto quiere decir que la hostilidad con respecto a China amenaza con perdurar y con toda seguridad no desaparecerá con la partida del actual presidente.

Disparad primeros

La superioridad militar de los Estados Unidos es aplastante. Poseen 800 bases militares repartidas en 70 países, y más de 150.000 hombres en 177 países. El gasto militar asciende anualmente a más de 600.000 millones de dólares, es decir más de un tercio del total mundial. Es tres veces más que China, y por habitante es incluso 12 veces más. 

Durante 70 años, el ejército de los Estados Unidos ha dominado los mares y el espacio aéreo de casi todo el planeta, incluyendo Asia del Este. Tienen una libertad de movimiento cuasi-total y la posibilidad de privar de ella a sus enemigos. Trump quiere que siga siendo así: “América jamás aceptará el lugar número dos. Haré que nuestro ejército sea tan grande que nunca jamás tendremos que temer a otra potencia.”[9]

Según la Estrategia Nacional de Seguridad de 2017, China construye “el ejército más competente y mejor financiado del mundo, después del nuestro”[10] (las cursivas son del autor). Esta “otra potencia” de la que habla Trump es por lo tanto China. Según el Pentágono, se tendrá que hacer todo lo posible para conservar el liderazgo en Asia del Este y ello implica frenar a China. “Mientras que China prosigue su marcha hacia adelante económica y militar, seguirá desarrollando un programa de modernización militar que apunta hacia la hegemonía a corto plazo y la expulsión de los Estados Unidos de la Cuenca Indo-Pacífica para conseguir así una supremacía planetaria en el futuro.”[11]

En su discurso tipo Guerra Fría del pasado mes de octubre el vicepresidente Pence no deja lugar a dudas: “Nuestro mensaje a los dirigentes chinos es el siguiente: este presidente no dará marcha atrás. Gracias a la reconstrucción de nuestro ejército seguiremos defendiendo los intereses americanos en el Océano Pacífico.”[12]

La estrategia militar contra China sigue dos vías: la carrera armamentística y el cerco del país. 

La carrera armamentística está en su apogeo. Los Estados Unidos dedican cada año 150.000 millones de dólares en investigación militar, es decir cinco veces más que China. Trabajan frenéticamente en una nueva generación de armas ultra-sofisticadas, drones y robots diversos, contra los cuales un futuro enemigo no estaría en condiciones de enfrentarse. El F-35 integra tecnologías punteras y tiene entre 15 y 20 años de ventajas sobre los aviones de combate chinos. Inteligencia artificial, mecánica cuántica, tecnología láser, velocidades supersónicas, dispositivos nucleares y guerra electrónica jugarán un papel preponderante en el desarrollo de estas armas de tecnología puntera. Son las ciencias de la guerra del futuro. 

Para preservar esta ventaja en la carrera armamentística, los chinos deben ser mantenidos a raya. Según la Estrategia Nacional de Seguridad de diciembre de 2017, “una parte de la modernización militar y de la expansión económica de China se debe a su acceso a la economía-innovación americana, en particular las universidades estadounidenses de rango mundial”.[13] El proteccionismo creciente de la Casa Blanca no sólo tiene como objetivo el comercio, las inversiones o la tecnología, sino también y cada vez más los conocimientos. 

Se presta una atención particular a los armamentos espaciales. “Si la disuasión fracasa, estoy convencido de que […] si nos enfrentamos a un adversario en términos de igualdad o cuasi igualdad, tendremos que luchar por la superioridad en el espacio”,[14] declara el general John Raymond, comandante en jefe de la Air Force Space Command. El año pasado Trump decidió crear una nueva sección en toda regla en el seno del ejército: el Ejército Espacial USA.

No se excluye una guerra preventiva. Bob Work, antiguo viceministro de Defensa, constata que China está desarrollando cohetes que se aproximarán a los cohetes estadounidenses. “Los Estados Unidos nunca han tenido que luchar contra un adversario capaz de lanzar tan profundamente y potentemente como los Estados Unidos.” En una guerra futura, el empleo de municiones teledirigidas será “expandido y profundizado”, de manera “que será muy útil disparar primeros”.

La segunda vía es el cerco militar. Para su comercio exterior, China depende en un 90% del transporte marítimo. Más del 80% de su aprovisionamiento en petróleo pasa por el Estrecho de Malacca (cerca de Singapur), donde los Estados Unidos tienen una base militar. Kissinger decía: “Controlad el petróleo y controlaréis los países”.[15] Así Washington puede cerrar el grifo del petróleo sin que China pueda defenderse de momento.                                                                                                                                                                                                                                                 Alrededor de China los Estados Unidos tienen más de 40 bases militares, puntos de apoyo o centros de entrenamiento (las pequeñas esferas en el mapa). De aquí a 2020, el 60% de toda su flota estará estacionado en la región. Si miramos un mapa, no es exagerado decir que China está cercada y rodeada. No imaginemos siquiera lo que pasaría si China instalase aunque sea un punto de apoyo, por no hablar de una base, en el vecindario de las instalaciones estadounidenses.


Es en un contexto como ese que la construcción de pequeñas islas artificiales en el Mar Meridional de China debe ser considerada como la reivindicación de gran parte de esta zona. La vigilancia de las rutas marítimas a través de las cuales se efectúa el transporte de su energía y sus bienes industriales es de una importancia vital para Beijing. 

La trampa de Tucídides

China es una amenaza para la hegemonía autocrática de los Estados Unidos. ¿Esto conducirá a la trampa mortal que fue descrita por primera vez por Tucídides? Este antiguo historiador griego describió como el auge de Atenas inspiró el temor de Esparta, cosa que la hizo recurrir a las armas para impedir este ascenso. El historiador Graham Allison demuestra cómo, a lo largo del último semi-milenio, hemos tenido 16 periodos en los cuales una potencia ascendente amenazaba con sustituir a una potencia reinante. En 12 ocasiones, esto condujo a la guerra. La historia no es una fatalidad pero es un indicador importante. Pase lo que pase, la superioridad militar permanente de los Estados Unidos es garante del mantenimiento de su supremacía económica. 

Esta supremacía económica es un asunto de millones de millones de dólares, lo que representa una influencia muy fuerte sobre la política de la Casa Blanca, sea cual sea el presidente anfitrión. No se renunciará sin luchar a estos beneficios, que ascienden a miles de millones de dólares. Como decía Marx hace 160 años: “El capital aborrece la ausencia de beneficio o un de un beneficio mínimo. Cuando el beneficio es adecuado, el capital se envalentona. Si el beneficio es importante, no hay crimen que no se atreva a cometer.”


Algunos argüirán que la potencia de destrucción del armamento actual se ha vuelto demasiado grande como para arriesgarse a un conflicto a gran escala. Pero esto es lo que ya se pensaba hace 100 años, según Katrina Mason. "Hace unos cien años los comentadores predecían que las armas de guerra se habían vuelto tecnológicamente tan avanzadas y mortíferas que nadie haría uso de ellas. Algunos consideraban que la implacable carrera armamentística era un componente del esfuerzo económico para estimular la base industrial interior. No consideraban de ninguna manera que tal oferta pudiera un día llevar a conflictos. La Primera Guerra Mundial ha demostrado que estaban equivocados en estos dos puntos."[16]

[1] https://www.nytimes.com/1992/03/08/world/excerpts-from-pentagon-s-plan-prevent-the-re-emergence-of-a-new-rival.html?pagewanted=all
[2] http://www.atimes.com/article/china-caught-off-guard-as-us-trade-war-highlights-beijings-dilemma/
[3] https://www.whitehouse.gov/briefings-statements/remarks-vice-president-pence-administrations-policy-toward-china/
[4] https://media.defense.gov/2018/Oct/05/2002048904/-1/-1/1/ASSESSING-AND-STRENGTHENING-THE-MANUFACTURING-AND%20DEFENSE-INDUSTRIAL-BASE-AND-SUPPLY-CHAIN-RESILIENCY.PDF
[5] https://www.congress.gov/bill/115th-congress/house-bill/5515/6text
[6] https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-08-22/trump-says-china-no-longer-on-quick-path-to-be-bigger-than-u-s
[7] Ibíd.
[8] https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-08-24/trump-s-china-hawks-prepare-to-swoop-as-trade-talks-go-nowhere
[9] https://www.wsws.org/fr/articles/2018/11/17/rdwr-n17.html
[10] https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf
[11] https://dod.defense.gov/Portals/1/Documents/pubs/2018-National-Defense-Strategy-Summary.pdf
[12] https://www.whitehouse.gov/briefings-statements/remarks-vice-president-pence-administrations-policy-toward-china/
[13] https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf
[14] https://www.defensenews.com/newsletters/digital-show-daily/2018/09/18/how-the-air-force-plans-to-use-space-to-project-power-in-the-21st-century-2/
[15] https://www.dailysquib.co.uk/most-popular/3089-henry-kissinger-if-you-cant-hear-the-drums-of-war-you-must-be-deaf.html
[16] https://www.dailysquib.co.uk/most-popular/3089-henry-kissinger-if-you-cant-hear-the-drums-of-war-you-must-be-deaf.html

Fuente: https://www.investigaction.net/fr/trump-et-la-chine-guerre-chaude-ou-froide/

jueves, 13 de diciembre de 2018

Liu Shaoqi evocado por Xi Jinping

Por Xulio Ríos

En los años sesenta, Liu Shaoqi (1898-1969), presidente de la República Popular China entre 1959 y 1968, protagonizó el “veredicto más injusto” dictado desde la fundación de la Nueva China, según dictamen del propio Comité Central del Partido Comunista, tras su rehabilitación después de la muerte de Mao. Liu, uno de los más carismáticos y principales dirigentes del Partido y del Estado, privado del derecho a la defensa, martirizado hasta lo inconcebible, falleció en la cárcel el 12 de noviembre de 1969.

La evocación de Liu Shaoqi apela a las diferentes visiones surgidas en el seno del PCCh para lograr el objetivo de la revitalización nacional. Liu, fiel a Mao desde los años treinta y siempre leal al PCCh, no dudó tanto en mostrar su escepticismo a propósito del aventurerismo económico alentado por Mao a finales de los años cincuenta como en arrimar el hombro para propiciar la “restauración burocrática” que siguió al trágico fracaso del Gran Salto Adelante. Con el firme apoyo de Deng Xiaoping, al frente entonces de la secretaría general del PCCh, Liu intentó imprimir un sello singular y realista al rumbo económico de aquella China que ansiaba sacudirse la pobreza y el subdesarrollo.

Ahora que se cumplen los primeros cuarenta años del inicio de la política de reforma y apertura, justo es reconocer el mérito y los atributos de Liu Shaoqi. Muchas de las iniciativas promovidas o apadrinadas por Deng Xiaoping en los años ochenta, tienen en Liu sus antecedentes e inspiraciones primeras.

Esa dimensión como estratega económico fue reconocida especialmente hace una década, cuando el entonces secretario general del PCCh, Hu Jintao, recordó y ensalzó su figura con motivo del 110 aniversario de su nacimiento. Liu y Deng cooperaron muy estrechamente aquellos años para enderezar el rumbo de una economía china llevada al colapso por el “ideologismo” de Mao, señalándole otros caminos de mayor apertura y menos dogmatismo.

Xi Jinping también recordó a Liu Shaoqi recientemente. Su discurso con motivo del 120 aniversario de su nacimiento pasó de largo sobre esta cuestión y se centró, sin embargo, en la exaltación de sus cualidades morales, en su adhesión al PCCh, en su ejemplo de obediencia y acatamiento de las decisiones partidarias. Resulta comprensible y hasta lógico que discursos de esta naturaleza revelen las sensibilidades y preocupaciones del colectivo dirigente en una determinada coyuntura.

No obstante, la figura de Liu Shaoqi debiera abordarse en su plenitud y complejidad no para servir de instrumento a una acción coyuntural marcada por los imperativos del momento sino para ilustrar la importancia en todo tiempo del debate interno, de la tolerancia crítica o de la necesidad de evitar el resurgir de cualquier personalismo que acabe ahogando cualquier atisbo de mínima pluralidad. Esa lealtad, que no excluye la discrepancia constructiva, es una característica destacada en la trayectoria de Liu Shaoqi.

Liu Shaoqi merecería tanto como Deng Xiaoping los elogios y reconocimientos que a este se le tributan ahora con motivo de los 40 años del inicio de la reforma y apertura. Pero, sobre todo, en su biografía, tanto la inquina contra su figura como la ocultación durante años de su muerte fueron  expresión de una crueldad cuya repetición debiera evitarse a toda costa. Se precisa para ello de mecanismos que preserven una institucionalidad democrática que evite el recurso a esas rehabilitaciones póstumas que tan caras y dolorosas han resultado a la sociedad china.

China publica libro blanco sobre progresos en derechos humanos durante 40 años de reforma y apertura

BEIJING, 12 de diciembre (Xinhua) -- China publicó hoy miércoles un libro blanco sobre los progresos obtenidos en los derechos humanos desde el inicio de su campaña de reforma y apertura al mundo exterior.

El libro blanco, titulado "Progresos en los Derechos Humanos durante los 40 Años de Reforma y Apertura en China", señala que la reforma y la apertura han ayudado a liberar y desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad china, abierto un camino del socialismo con peculiaridades chinas y marcado el inicio de un nuevo capítulo en el desarrollo de los derechos humanos.

Durante los últimos 40 años, el pueblo chino ha trabajado duro bajo el liderazgo fuerte y coherente del Partido Comunista de China (PCCh). Se han producido enormes cambios y los niveles de vida han mejorado significativamente, asevera el libro blanco.

El PCCh siempre ha priorizado los intereses del pueblo, asegurado que la reforma se lleve a cabo para el pueblo y por el pueblo, y que sus beneficios sean compartidos por la población, afirma el texto.

China respeta, protege y promueve los derechos humanos en el curso de la reforma y la apertura, y toma un camino de desarrollo de los derechos humanos acorde con las condiciones nacionales. China ha creado nuevas experiencias y logrado nuevos avances en la protección de los derechos humanos.

China ha resumido su experiencia histórica, basada en los logros de la civilización humana, combinado los principios universales de los derechos humanos con las realidades del país, y ha generado una serie de ideas innovadoras sobre los derechos humanos, de acuerdo con el documento.

China ha formado los derechos básicos que se centran en el pueblo, priorizado sus derechos de subsistencia y desarrollo, y propuesto que el país asiático siga un camino de desarrollo integral y coordinado de los derechos humanos bajo el estado de derecho.

El libro blanco destaca que China ha llevado a cabo amplios intercambios y cooperación en el campo de los derechos humanos y cumplido seriamente sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

martes, 11 de diciembre de 2018

Geopolítica: Michel Collon sobre China y la Nueva Ruta de la Seda (2)

Brzezinski: “Hay que dividir Rusia en tres partes”

En 1997, ¿cuál era la actitud del gran estratega Brzezinski hacia Rusia? Insistía en debilitar a Moscú lo antes posible: “Si Rusia rompe con Occidente y constituye una entidad dinámica, capaz de iniciativas propias; si […] forma una alianza con China, entonces la posición americana en Europa se verá terriblemente afectada.”[1]

Era un lenguaje imperialista claro: una Rusia “incapaz de iniciativas propias” sería una colonia, sencillamente. De hecho, Brzezinski quería dividirla en tres partes: “Una Rusia europea, una república de Siberia y una república de extremo oriente.”[2] Se trataba de separar Moscú de Beijing instalando entre los dos Estados-tapones y por lo tanto, más débiles y por lo tanto más fáciles de manipular.

No obstante, durante los años 90, muchos rusos pensaban: “Ahora que nos hemos pasado al capitalismo, nos tratarán como amigos.” ¡Pues no! ¡Las grandes potencias no tienen amigos, sólo tienen intereses! Para los Estados Unidos, Rusia, incluso siendo capitalista, no podía ser un aliado respetado. Era necesariamente una presa importante en la guerra global de recolonización del mundo que empezó en 1991.

Washington aplicó entonces con energía el plan Brzezinski: 1. Infiltrar la economía rusa. 2. Controlar su política. 3. Cercar y neutralizar su ejército. Una verdadera guerra no declarada: infiltración en las empresas rusas, apoyo a las secesiones terroristas del Cáucaso, cambios de régimen en el Cáucaso y en Asia central, financiación de 1500 ONGs anti-Kremlin, criminalización mediática de Putin, multiplicación de las bases en Europa del Este, “escudo anti-misiles” para impedir todo contraataque ruso ante un ataque, golpes de Estado de la CIA, en Ucrania especialmente, para expulsar la flota rusa del Mar Negro…

Nueva guerra fría. ¿O caliente?

Por lo tanto, Washington ha desatado una nueva guerra fría, como lo ha explicado muy bien Robert Charvin en “¿Hay que detestar a Rusia?”[3] En agosto de 2013, el Departamento de Estado USA se ha negado a garantizar que “el futuro escudo anti-misiles no estará dirigido contra el potencial de defensa ruso”.[4] Y lo que es aún más chocante, en 2014, en la revista Foreign Affairs (del muy influyente Council on Foreign Relations), unos estrategas se han atrevido a escribir que los Estados Unidos tienen tanta ventaja con respecto a Rusia en materia de armamento nuclear, que pueden atacar muy fácilmente a Rusia y no sufrir represalias.[5]

Esta agresividad de Washington ha sido parcialmente puesta en tela de juicio por Donald Trump. Y ello explica la guerra llevada a cabo por el establishment USA dominante y por la CIA contra el nuevo presidente que no estaba en la buena línea, como ha sido analizado en el libro “El mundo según Trump”.[6]

Hoy, no cabe ninguna duda: los Estados Unidos rechazan un mundo multipolar, multiplican las guerras y tratan de minar la economía rusa. Desde ese momento, el interés de Moscú es evidente: alejarse del dólar y aliarse con el yuan, alejarse de Wall Street y orientarse hacia las bolsas de Hong Kong y Shanghái, vender su gas ya no solamente a Europa sino también a China. Y aprovisionar a China en sistemas de defensa aérea S-400 y S-500 que permiten hacerle frente a las amenazas de los misiles USA.[7] Todo esto nos permite comprender por qué Moscú ha girado hacia el Este y se ha aliado con China. En particular al crear la Organización para la Cooperación de Shanghái.

La Organización para la Cooperación de Shanghái: el nacimiento del contrapoder

Nacida discretamente en 1996, la Organización para la Cooperación de Shanghái  (OCS) agrupa al principio a China y Rusia así como tres repúblicas de Asia central: Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, a las que se sumaron cinco años más tarde Uzbekistán. A lo largo de los años y de la agresividad creciente de los Estados Unidos, la Organización no va a dejar de reforzarse. Irán, Mongolia y Bielorrusia han adquirido el status de observadores, así como Afganistán que se ha comprometido con la Organización, en contra de la voluntad de Washington. Mientras que Armenia, Azerbaiyán, Camboya y Nepal se han convertido en “socios”. La Organización dio un gran empujón en 2015 cuando India y Pakistán decidieron unirse a ella, cosa que se hizo definitiva en junio de 2017.

La OCS es una organización de un tipo particular. Es a la vez una alianza militar defensiva y una comunidad económica. Porque aquellos países comparten dos intereses: 1. Oponerse a las injerencias y amenazas militares de los Estados Unidos. 2. Desarrollar el crecimiento económico de la región. Hoy, la OCS representa dos tercios de la población mundial. Incluye una superpotencia económica (China) y una superpotencia militar (Rusia).

Este acercamiento Beijing-Moscú estabiliza al mundo al hacer de contrapeso a unos Estados sedientos de hegemonía. “Washington es incapaz de derribar el dragón chino y el oso ruso al mismo tiempo”,[8] subraya el periódico popular chino Global Times.

Y sin embargo, Washington intentó inmiscuirse en la OCS, al pedirle en 2005 un puesto de observador. Candidatura que fue rechazada. ¡Qué humillación! ¿Cómo pueden los miembros de la OCS olvidar que bajo Bush y Obama, las operaciones de las “fuerzas  especiales” se extendieron a 75 países? ¿Que los Estados Unidos, por medio de la OTAN o directamente, multiplican las guerras en violación del derecho internacional? Por lo tanto dijeron claramente: “¿El lobo en el aprisco? ¡No, gracias!”.

¡Hasta Afganistán se acerca a China!

De entre los miembros y simpatizantes de la OCS, hay un caso particularmente significativo. Afganistán es después de todo el país que los Estados Unidos han invadido y que no quieren soltar pese a su fracaso manifiesto. Por lo tanto se plantean dos preguntas: 1. ¿Por qué Afganistán es tan importante para los Estados Unidos? 2. ¿Por qué será China quien terminará por llevarse la parte del pastel?

Los Estados Unidos se abalanzaron sobre Afganistán y no se resignan a irse porque esperan hacer de este país una base central en el corazón del continente asiático, desde donde podrán controlar las rutas estratégicas entre Rusia, China, Irán, India y Pakistán. Su decisión, por lo tanto, no tenía nada que ver con el 11 de septiembre de 2001 y Bin Laden. En realidad, la invasión de Afganistán había sido decidida mucho antes, y ya lo habíamos indicado en enero de 2000.[9]

Pero las cosas no se desarrollaron como esperaban. Porque por lo general los imperialistas subestiman la resistencia de los pueblos. De hecho, Washington ha perdido la batalla de Afganistán. Ya en 2011, el analista USA Nicolas Davies explica este giro de importancia: “En Afganistán, China explota ya grandes minas y transporta el hierro y el cobre en total seguridad por camiones sobre las mismas rutas de montaña donde los convoyes de abastecimiento de la OTAN son regularmente atacados e incendiados. Pero para sus vecinos, el mayor valor económico y estratégico de Afganistán no son sus recursos, ni su economía local, sino su posición geográfica, en el cruce de sus intercambios por vía terrestre, particularmente para el petróleo iraní hacia China y el petróleo y el gas ruso hacia Pakistán.”[10]

Y Davies predice el día en que la ocupación de la OTAN tendrá un fin: “Los rusos y los chinos están posicionando a Afganistán como la base central futura de una red terrestre de comercio y transporte que cortocircuitará las rutas marítimas de comercio bajo control de la US Navy y permitirá a todos los países de la región desarrollar las relaciones entre ellos sin interferencias de los Estados Unidos.” Efectivamente, este super-proyecto acerca los intereses de los dos grandes socios. Empresas chinas ya han comprado participaciones importantes en empresas energéticas rusas. Las que Washington ambicionaba para Exxon y Chevron.

Afganistán demuestra que el plan Brzezinski ha fracasado. La tan temida alianza Beijing – Moscú se ha construido de todas formas, sus intercambios económicos y militares han crecido de forma espectacular, y esta alianza está llenando poco a poco el vacío dejado por el imperio USA en declive. Por lo tanto, la pesadilla de Washington está en camino de hacerse realidad y lleva un nombre: la Nueva Ruta de la Seda. A partir de ese momento, los Estados Unidos van a hacer todo lo posible por desestabilizar a aquellos que se niegan a ser vasallos. Particularmente utilizar el terrorismo de inspiración wahabita saudí para desestabilizar a China. Brzezinski tenía razón en este punto: Asia es la clave para saber si los Estados Unidos seguirán siendo la superpotencia que domina el mundo.

[1] Brzezinski, Le Grand Echiquier, p. 61
[2] Brzezinski, Le Grand Echiquier, p. 258-259
[3] Robert Charvin, Faut-il détester la Russie?, Investig'Action, Bruselas, 2016
[4] Citado en: CNAPD, L'OTAN, du bouclier à l'épée
[5] Paul Craig Roberts: la guerre américaine contre la Russie est déjà en cours, Mediapart, 4 de julio de 2014
[6] Michel Collon & Grégoire Lalieu, El mundo según Trump (con Mohamed Hassan, Henri Houben, Bruno Drweski, Majed Nehmé, John Catalinoto, Saïd Bouamama), Investig'Action, 2017.
[7] Pepe Escobar, China: la Ruta de la Seda hacia la gloria, Asia Times, Le Grand Soir, 18 de noviembre de 2014
[8] "US pressure spurs closer Sino-Russian ties", Global Times, 27 de junio de 2016
[9] Michel Collon, Monopoly - l'OTAN à la conquête du monde, EPO, Bruselas, 2000, p.122
[10] Nicolas Davies, Une alliance de pays asiatiques supplante l'Empire US, legrandsoir.info, 10 de junio de 2011