lunes, 26 de mayo de 2014

[Baudouin Deckers] Cuestiones sobre el desarrollo del socialismo en la República Popular China

A continuación publico esta entrevista hecha en 2003 al miembro del Buró Político del PTB Baudouin Deckers, publicada en su revista teórica Etudes Marxistes nº64. La entrevista ya había sido publicada en su día por la Juventud Comunista de Asturias (www.jcasturias.org) pero en los últimos años había desaparecido de la red. Es por ello que tomé la iniciativa de volver a traducirla, en vista del interés que encierra. Efectivamente, pese a los datos ya desfasados y algunas valoraciones que posiblemente idealizaban la política del PCCh y el desarrollo del socialismo en China, 11 años después esta entrevista mantiene su actualidad, pues a grandes rasgos describe el sentido de la política de Reforma y Apertura en China que rige los destinos de la República Popular China en la actualidad.


Una delegación del Comité central del PTB estuvo en China del 16 al 25 de febrero de 2003 por invitación del Departamento de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de China. Baudouin Deckers, miembro del Buró político del PTB y responsable de Relaciones Internacionales, dirigía la delegación. Nos contesta aquí a una serie de preguntas que se hacen frecuentemente sobre China. 


Durante los últimos 30 años, China ha conocido reformas profundas. ¿No supone esto alejarse del socialismo?

Tras la victoria de la revolución en 1949, la colectivización gradual de la agricultura, la nacionalización de la industria y la planificación de la economía permitieron a China salir, hasta cierto punto, de su enorme atraso y lograr en dos décadas unos progresos inmensos. 
Durante los años 70, el antiguo primer ministro Zhou Enlai fue el primero en hacer un llamamiento a modernizar mucho más rápidamente la economía del país. 

A principios de los años 70, el PCCh consideró que la economía no podía seguir desarrollándose a un ritmo elevado, lo que era considerado indispensable, y al mismo tiempo mantener los principios estrictamente colectivistas aplicados hasta entonces, pese a que éstos habían permitido que China instalase unas bases sólidas. China no dispone de tecnología avanzada, ni del know-how en materia de gestión de empresas, ni de las técnicas modernas. Según el PCCh, si tuviera que contar principalmente con sus propias fuerzas, la distancia entre la China socialista y los países capitalistas desarrollados no dejaría de aumentar, lo que haría más que generar un creciente descontento por parte de la población, mientras que China sería cada vez más vulnerable frente al imperialismo. Sería por tanto el propio socialismo quien estaría en peligro. 

El PCCh considera que el socialismo y el comunismo, tales como los describieron Marx y Engels, sigue siendo el objetivo final. Pero, como dice, los fundadores del socialismo científico no elaboraron respuestas a la siguiente pregunta: ¿Cómo pasar de un estado de atraso inmenso al socialismo en un país del tercer mundo de talla inmensa, que cuenta con más de mil millones de habitantes, después de más de 2000 años de feudalismo y en ausencia de países socialistas muy desarrollados en los que apoyarse? 

Manifiestamente, China construye el socialismo en condiciones muy diferentes de las que nos esperan en los países capitalistas antiguos, altamente desarrollados económicamente. “Para construir el socialismo en un país pobre del tercer mundo, un cierto desarrollo de empresas capitalistas es normal y necesario”[1] Los teóricos del PCCh hacen referencia a la Nueva Política Económica de Lenin[2] que, según ellos, permitió el desarrollo del capitalismo bajo control del Estado socialista, tras los estragos de la guerra de intervención imperialista de 1918-1921. 

Nos es imposible juzgar todos los aspectos de la cuestión. No sabemos, por ejemplo, por qué la experiencia de industrialización y colectivización relativamente rápidas y de planificación central en la Unión Soviética en los años 30 no son, de una manera o de otra, aplicables a la China de hoy, como tampoco podemos hacer un balance completo de toda la experiencia china hasta finales de los años 70, ni tampoco de la posterior. 

Pero debemos permanecer objetivos, tomar conocimiento de las diferentes políticas del PCCh y del gobierno chino. Debemos reconocer tanto los problemas a los que se enfrenta como los innegables éxitos que ha traído la reforma. 

Según Deng Xiaoping y otros importantes dirigentes, el PCCh había querido quemar etapas persiguiendo un nivel de colectivismo que no se correspondía con el estado atrasado de las fuerzas productivas, mientras que el colectivismo socialista tiene una base material, que es la gran producción industrial y la mecanización de la agricultura. 

La Gran Revolución Cultural (1966-1976) nos enseñó – a los jóvenes revolucionarios occidentales – principios que están en la base misma de nuestro partido, como la crítica de los rasgos esenciales del revisionismo jruschoviano, la necesidad para los comunistas de transformar constantemente su visión del mundo, de mantener una ligazón estrecha con las masas, y otras muchas cosas. Pero esto no excluye que, al mismo tiempo, este periodo estuvo caracterizado por errores importantes en la propia China. Según los dirigentes chinos, vio nacer el apogeo de una política considerada como voluntarista e izquierdista, que estuvo acompañada de falsas concepciones igualitaristas, negando la máxima del socialismo: “A cada cual según su trabajo”. Además, el desarrollo económico sufrió en aquella época de exageración de la lucha de clases, mientras que en términos generales, bajo el socialismo la prioridad debe ser acordada precisamente al desarrollo económico. En efecto, no se puede eliminar las clases en el marco de una sociedad atrasada. El objetivo del socialismo es aumentar incesantemente el bienestar y el nivel de vida de las masas populares. El PCCh sacó la conclusión de que es imposible para cualquier partido mantenerse en el poder si no se aplica con éxito a esta tarea.   

En un primer momento, China impulsó la des-colectivización en el campo (la tierra se mantuvo como propiedad estatal o colectiva). La producción privada se desarrolló rápidamente. El ingreso medio de los campesinos aumentó considerablemente. De 1985 a 2002, el ingreso medio de los campesinos pasó de 397,60 a 2475,60 yuanes.[3]

La tercera sesión plenaria del XI Comité central del PCCh (1978) concluyó que la contradicción principal en China era la contradicción entre las necesidades crecientes de las masas populares y el atraso de las fuerzas productivas. 

La cuarta sesión plenaria del XIII Comité central (1989) lanzó la política de reformas y apertura al exterior. 

Según el informe de Jiang Zemin, presentado en el XVI Congreso del PCCh en noviembre de 2002, el Producto Interior Bruto de China conoció, de 1989 a 2002, un crecimiento anual del 9,3%. Se trata de una verdadera hazaña cuando sabemos que durante este periodo la crisis del capitalismo redujo de manera draconiana las tasas de crecimiento de los países imperialistas y de la mayoría de países del tercer mundo. 

El Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas señala especialmente que “en los años 90, China pudo hacer salir de la pobreza a 150 millones de personas, es decir el 12% de su población, y reducir así a la mitad la incidencia de esta lacra.” Es principalmente gracias al éxito conseguido en China que número total de pobres extremos ha disminuido en el mundo, mientras que a lo largo de la última década, el Informe constata que “unos 54 países son hoy más pobres que en 1990” – entre los cuales están casi todos los antiguos países socialistas de Europa y Asia Central.[4]

El PCCh nos parece estar realmente unido en torno a la actual política de reformas. Los sorprendentes resultados parecen haber convencido a la mayoría de los escépticos. Aparentemente, toda la atención está puesta en estas reformas, que el PCCh considera estar lejos de haber terminado. En efecto, pese a sus progresos gigantescos, China sigue siendo a día de hoy un país del tercer mundo.[5] Por dar un ejemplo: en materia de ingreso por habitante, se sitúa hoy en la categoría inferior de los ingresos medios en el mundo – categoría situada justo antes de la categoría de los países más pobres. El informe citado dice precisamente que, hasta el momento presente, el esfuerzo para hacer salir a un porcentaje elevado de habitantes de la pobreza “ha estado concentrado en las zonas costeras. En otras partes, persisten zonas de pobreza. La economía de algunas regiones continentales avanzan así mucho más lentamente que la del resto del país.”[6] No obstante, desde hace aproximadamente dos años, China ha iniciado su política de desarrollo del Oeste. Es decir: extensión a las provincias interiores (¡que cuentan con más de mil millones de habitantes!) del desarrollo industrial conseguido en las zonas costeras, que actualmente sólo afecta a unos 200 millones de habitantes. China proseguirá por tanto con su política de búsqueda de inversiones extranjeras, enfocándolas mucho más. 

No se puede comprender la política del PCCh ni apreciar sus logros en su justa medida, sin tener muy en cuenta estas realidades. 

China ha introducido el capital privado, autoriza la propiedad privada, ha lanzado el eslogan “Enriqueceos”… ¿Qué hay de socialista en todo esto?

Según el análisis del PCCh, China se encuentra hoy en la fase inferior del socialismo, y aún se mantendrá en esta fase durante varias décadas (hasta finales del siglo XXI). Durante todo este periodo, debido al estado extremadamente atrasado de las fuerzas productivas, la tarea prioritaria consiste en desarrollarlas. El PCCh ha traducido esta orientación en una política de reformas, un “socialismo con características chinas”, cuyas principales características son las siguientes:
  • Diversificación de la propiedad de los medios de producción, introducción de la propiedad privada junto con la propiedad estatal (a parte entera o mayoritaria), la propiedad colectiva (a parte entera o parcial) y de todas las formas intermediarias posibles. “La propiedad privada de los medios de producción ha sido la fuerza motriz del desarrollo de las fuerzas productivas al salir del feudalismo: es una ley del desarrollo económico que no podemos negar.” “Marx no se pronunció como tal contra las sociedades por acciones, y podemos considerar estas sociedades tanto en el sistema capitalista como en un sistema socialista.” La mayor parte de las empresas se han convertido en sociedades por acciones, de las que el Estado posee todo (mayoría, minoría de bloqueo) o nada. La política de des-colectivización en el campo y de desarrollo de empresas privadas ha ido acompañada del llamamiento a “enriquecerse”. Juntas, estas medidas debían estimular el sentido de la iniciativa y por consiguiente la producción. El nivel de vida netamente más elevado de una minoría debe incitar constantemente a los demás a lanzarse a una producción moderna y eficaz, mientras que los nuevos ricos son llamados constantemente a poner sus capitales al servicio del desarrollo del conjunto.
  • Política de apertura al mundo capitalista desarrollado. El Estado chino no dispone de los capitales necesarios para el desarrollo moderno de toda la industria. Gracias a las inversiones extranjeras (la mayoría de las veces bajo forma de joint-ventures, a veces totalmente extranjeros), China atrae inmensas cantidades de capitales, alta tecnología, know how, etc. Esto le permite formar rápidamente un gran número de técnicos y managers chinos, constituir una clase obrera no sólo mucho más numerosa sino también familiarizada con las técnicas más avanzadas, atraer a masas de campesinos a la ciudad – mientras que en el campo, la mano de obra es muy excedentaria. Por otra parte, las aportaciones de los inversores extranjeros también abre mercados exteriores para los productos chinos.
  • Un gran número de empresas no estratégicas consideradas “irrecuperables” fueron cerradas, al ser demasiado elevados los costes de su saneamiento. Esta política permite concentrar los capitales del Estado y orientarlos hacia las empresas y proyectos considerados como realmente estratégicos y prioritarios. No olvidemos cómo se produjo la acumulación de capitales en los países que hoy son altamente desarrollados. Por una parte, la clase obrera sufrió una explotación extrema durante el siglo XIX – baste pensar en el trabajo infantil, en las jornadas de trabajo de 12, 16 horas de trabajo o incluso más, a veces los 7 días de la semana. Por otra parte, la colonización sometió a los pueblos del tercer mundo a una explotación aún más feroz, mientras que las potencias occidentales saqueaban los recursos naturales. Allí se encuentran los fundamentos de nuestro bienestar (por muy relativo que sea para una gran parte de la población) – mientras que estas políticas persisten hasta nuestros días, aunque sea bajo una apariencia más “civilizada” (y aún así…). ¡Por supuesto, China socialista rechaza este camino!
  • Abandono del plan, tal y como había sido entendido y aplicado durante las primeras décadas. Era tan detallado que no permitía satisfacer precisamente las necesidades reales. “Realmente, hace años, muchas veces hacía falta hacer la cola delante de las tiendas donde faltaban los productos necesitados, mientras que ahora este problema ha sido resuelto completamente. 
  • La introducción del mercado como regulador, y de la competencia como incitación a una producción mejor, más eficaz… Aquí también, la idea es que hay mercado capitalista y mercado socialista.

¿Juega aún el Partido Comunista un papel dirigente en China?

Hemos observado que el papel dirigente del PCCh y del Estado socialista se ha afirmado y reforzado en todas partes. “Es incuestionable que el PCCh abandone algún día el poder – al contrario, como se ha afirmado de nuevo en el último Congreso. Es la condición esencial para mantener la orientación socialista.” El XVI Congreso ha reafirmado que era necesario atenerse a los “cuatro criterios fundamentales”: la vía socialista, la dictadura democrática popular, la dirección del Partido Comunista y el marxismo-leninismo pensamiento de Mao Zedong. 

Los inversores y los capitalistas privados están obligados no sólo a aceptar el sindicato, sino también la existencia del Partido Comunista en las empresas. El papel del sindicato, correa de transmisión entre el Partido y las masas, como defensor de los intereses de los obreros, pero también como educador político e ideológico, parece haberse reforzado. 

El desarrollo de la región costera y del interior del país es muy desigual. ¿No es esto una característica del capitalismo? 

Desde hace 20 años, el conjunto de la población ha visto sus ingresos y su poder adquisitivo aumentar constantemente. Pero es cierto que este progreso es mucho más marcado en las ciudades que en el campo, en las regiones costeras que en el interior. 

La región costera conoce un desarrollo extremadamente rápido e impresionante. Se trata de 4 regiones económicas especiales y de 14 ciudades abiertas, que cubren en total una población de 200 millones de chinos. “Somos muy conscientes de las diferencias que esto genera entre la región costera y las demás regiones del interior. Pero hace falta tener “locomotoras” de nuestro desarrollo, no podemos desarrollar la totalidad de este inmenso país de manera igualada.”

La ciudad de Shanghái es sin duda el ejemplo más sorprendente. Parece que la multiplicación de objetivos ambiciosos galvaniza el entusiasmo de la población, que ve su nivel de vida elevarse incesantemente. Los jóvenes se encuentran ante inmensos desafíos, la voluntad de aprender es colosal y cada uno podrá hacer valer plenamente sus conocimientos. 

El propio PCCh dice que aún quedan muchos problemas por resolver, que la reforma no es fácil y que engendra nuevas contradicciones. 

La tasa de desempleo ha aumentado considerablemente en China. ¿Cómo es esto posible en un país socialista?

China estima que a día de hoy tiene unos 20 millones de desempleados, es decir un 4,5% de la población activa. Según el PCCh, en términos generales la reforma de las empresas de Estado ha terminado. En efecto, la mayor parte ha sido privatizada, pero las que quedan (nuestros interlocutores mencionaron unas 15.000 empresas) han sido saneadas. Por primera vez, estas empresas trajeron beneficios en 2002, lo que ofrece un margen de trabajo mucho más grande al Estado, mientras que aumenta su parte en la producción industrial global de China. El PCCh reconoce abiertamente que los cierres de empresas estatales han echado al paro a unos 5 millones de trabajadores. Pero su número está disminuyendo gracias a los programas de formación.[7] Según él, la cuasi-totalidad de estos trabajadores será reincorporada al  trabajo. 

Con el éxito de la reforma en las regiones costeras, China se ha lanzado desde algún tiempo en su campaña de desarrollo del Oeste, es decir de todas las provincias al oeste de la delgada banda costera. Se trata en los próximos años (décadas) de industrializar y modernizar estas regiones como lo han sido las de la costa durante la última década. Hemos visto cómo la provincia interior de Jiangxi recibe una ayuda diversificada de parte de las ciudades desarrolladas, incluyendo Shanghái: la provincia envía numerosos cuadros en formación a Shanghái, que a su vez envía numerosos cuadros a la provincia. El Estado orienta las nuevas inversiones extranjeras hacia estas regiones. Se desplazan industrias de las regiones costeras hacia el interior (como la industria textil de Shanghái que es relocalizada en el interior). 

Pese a la creación de muchos puestos de trabajo, un número importante de chinos se encuentran sin empleo. Se trata sobre todo de la fuerza de trabajo excedente en el campo. En la época de la agricultura colectiva, el campo ya tenía un desempleo larvado muy importante – pero no reconocido como tal. Formalmente, estos campesinos mantenían un empleo y por consiguiente unos ingresos, aunque fueran exiguos. 

La industrialización permite una mecanización de la agricultura, que a su vez genera un doble fenómeno. Por una parte, el trabajo de los campesinos se ha vuelto más ligero y humano. Por otra parte, la mecanización aumenta el excedente de mano de obra – agravado todavía más por el crecimiento demográfico, puesto que hace mucho tiempo ya que China puso en explotación la totalidad de sus tierras cultivables. Sin la reforma, podemos imaginarnos que en lugar de progresar, el campo se habría empobrecido constantemente. 

China ha privatizado un buen número de empresas estatales. Está tomando la vía capitalista. ¿Puede hablarse ya de una clase capitalista? 

En 1989, durante los acontecimientos de Tian An Men, teníamos la impresión de que el capitalismo se desarrollaba de manera salvaje y de que podía convertirse en el aspecto principal de la economía china.[8] Hoy, el Estado socialista dispone de leyes y reglamentos cada vez más numerosos que aparentemente le permiten controlar y orientar correctamente el desarrollo de las empresas capitalistas dentro de una economía mixta. Los inversores extranjeros son sometidos a una legislación extremadamente detallada; los contratos prevén todo, hasta el más mínimo detalle, a fin de garantizar los intereses de China y de los trabajadores… Los márgenes beneficiarios de las empresas occidentales son a menudo inferiores en China con respecto a sus inversiones en otros países del tercer mundo. Pero China constituye un enorme mercado en expansión. Rechazar invertir en China con las condiciones impuestas tendría como consecuencia que otro competidor ocupe el sitio… 

Hemos constatado que, en los hechos, el control del Estado es hoy mucho más importante de lo que uno se imagina y que incluso tiende a adquirir amplitud. Muchas empresas privatizadas y que (parcialmente) cotizan en bolsa siguen teniendo, pese a todo, una gran participación de bloqueo del Estado. En los hechos, el Estado central y todos los niveles inferiores elaboran planes bastante exigentes, se fijan numerosos objetivos bien precisos, que manifiestamente se cumplen, ya sea la producción deseada, las infraestructuras necesarias, las relocalizaciones u otros objetivos económicos. Si al principio China permitía inversiones en más o menos todos los sectores, hoy los desalienta en todos los sectores, excepto en las tecnologías punteras. 

Oficialmente, pese a las privatizaciones, China no tiene clase capitalista. Esto no nos parece correcto. Que las decenas miles de capitalistas en la actualidad no se hayan (aún) constituido como fuerza política unida (en partido político) no significa que no formen una clase, con intereses propios, que tarde o temprano entrarán en conflicto abierto con los intereses de los trabajadores y del Estado socialista. Particularmente porque estos capitalistas, como en todas partes, reivindicarán beneficios cada vez más grandes, que no podrán obtener más que aumentando la explotación de la clase obrera, exigiendo medidas antisociales por parte del Estado… y porque tarde o temprano el capitalismo en China estará confrontado con los fenómenos de sobreproducción y de crisis que lo caracterizan en el mundo. El PCCh no podrá frenar las ofensivas (inevitables) de los capitalistas más que si se arma él mismo de una consciencia clara a este respecto. 

Tenemos la impresión de que las posibilidades de expansión del sistema capitalista son sobreestimadas, que no se tiene suficientemente en cuenta las leyes del capitalismo y la realidad del capitalismo. Algunos responsables que hemos conocido lo reconocen y consideran que, por este motivo principalmente, es indispensable para ellos tener intercambios regulares con los comunistas de los países industrializados, que tienen una larga experiencia y un conocimiento del capitalismo. Algunos dan la impresión de que creer que podrán sortear estas leyes del capitalismo. 

¿Por qué China se ha unido a la Organización Mundial del Comercio? ¿Cuáles son las consecuencias hasta ahora?

La adhesión a la OMC se deriva lógicamente de toda la política de reforma. Se considera indispensable para atraer los capitales necesarios así como tecnologías modernas y abrir los mercados mundiales para dar salida a los productos chinos. 

La entrada en la OMC ha tenido, hasta ahora, consecuencia mucho menos graves de las que esperaba China – mientras que los Estados Unidos tienen que constatar ellos mismos que han sacado muchas menos ventajas de lo esperado. Una de las razones es que los productos que provienen del exterior son generalmente mucho más caros que los que se producen en China. No obstante, y sobre todo en la agricultura, China está esperando consecuencias bastante graves, pero se está preparando para ello. China no puede producir cereales al precio del mercado mundial – el campo chino no se presta a ello y es esencialmente en este sector que la OMC eliminará a millones de campesinos. Hemos visto que en la región “pobre” que es la provincia de Jiangxi, en Nanchang, se construyen granjas modelo por el Estado en todos los distritos para reorientar los campesinos hacia producciones que no sufrirán la competencia y que aportan mucho más que la producción de cereales, como la producción de animales bovinos, aves de corral (patos notablemente), flores y otros productos. 

Pese a que la OMC no permita imponer citeriores a las inversiones, que deben ser libres, China es lo suficientemente centralizada como para poder alentar las inversiones deseadas y desalentar aquellas que no necesita. 

Tal vez sea oportuno recordar que otros países socialistas como Cuba ya eran miembros de la OMC antes que China. La República Popular China ha declarado en reiteradas ocasiones que sería la punta de lanza de las reivindicaciones del conjunto de los países del tercer mundo en la OMC – promesa que ha cumplido perfectamente hasta hoy, como demuestra su posición “dura” durante la Conferencia de Cancún, en septiembre de 2003, contra la resolución presentada por los países industrializados. 

¿Cómo es posible que ahora los capitalistas puedan convertirse también en miembros del Partido Comunista en China?

El PCCh ha elevado la teoría de la “triple representatividad” de Jiang Zemin al rango de continuación del marxismo-leninismo, del pensamiento de Mao Zedong y de la teoría de Deng Xiaoping. En el extranjero, la gente prácticamente sólo se queda con la idea de que “de ahora en adelante, los capitalistas pueden convertirse en miembros del Partido”. Se trata de una reducción simplista y deformada. 

Con la teoría de la “triple representatividad”, el PCCh pretende “representar las exigencias del desarrollo de las fuerzas productivas progresistas, representar la orientación de la cultura de vanguardia china y representar los intereses fundamentales de las grandes masas populares”. Un investigador cercano al Departamento de Relaciones Internacionales nos hizo una exposición sobre esta teoría. Otros camaradas no han dado elementos añadidos. He aquí lo esencial:
  1. Esta teoría alumbra el objetivo del ejercicio del poder por el PCCh: el PCCh debe mantenerse a la vanguardia de la época actual. Debe ser el núcleo del pueblo chino, el núcleo director de la modernización en China.
  2. Ha reforzado la consciencia acerca de los riesgos que supone el poder. Como indican las experiencias históricas, para el que se mantenga mucho tiempo en el poder, el riesgo de separarse de las masas populares aumenta.
  3. El Partido ha propuesto ampliar su base de masas. Ha definido 6 nuevas categorías sociales en la sociedad china, después de la política de modernización y reformas: personal de empresas de alta tecnología (ingenieros y técnicos), empresarios y gestores de empresas con capitales mixtos, empresarios privados, trabajadores de organizaciones intermedias (interventores de cuentas, etc.), profesiones liberales. China cuenta con 35 millones de intelectuales.
  4. El Partido se compone principalmente de obreros, campesinos e intelectuales. Considera que hay que aceptar la incorporación de todas las personas que reconocen los estatutos del PCCh, aceptan su programa, son elegidas por las masas como dignos de ser miembros del PCCh, son aceptadas después de sus dos años de pre-militancia y coinciden con los otros muchos criterios del Partido. Otro cuadro del PCCh añade: “Sí, hoy hay explotadores, capitalistas en China. No hablamos de “clase de los capitalistas”, porque no están constituidos como fuerza política separada y prohibimos la formación de un partido político de estos capitalistas. Pero somos conscientes de que, inevitablemente, un cierto número de ellos buscará constituirse como partido político. Por ello, animamos a los capitalistas que estén de acuerdo con nuestras exigencias severas de adhesión a que se unan al PCCh. Los mostramos como ejemplo para los demás, así contrarrestamos el empuje de aquellos que quisieran un partido separado o se oponen al PCCh.”
  5. La teoría sobre la edificación del Partido responde a los criterios que permiten saber si un Partido es progresista o no. La proporción de miembros de origen obrero en el seno del PCCh no es el criterio decisivo. Hay que atenerse al marxismo, que debe ser el programa director del Partido. Hay que ver si el partido representa los intereses de la población más amplia posible y la correcta orientación del desarrollo de la sociedad. Si se quiere que el partido siga estando a la vanguardia de las evoluciones tecnológicas, hay que alentar la adhesión de aquellos que las dominan.
  6. El Partido ha propuesto unos perfeccionamientos de su estilo de trabajo: mejorar el ejercicio del poder, garantizar al mismo tiempo el papel director del Partido, hacer valer el papel de la Asamblea Popular (Congreso) y de las Asambleas consultativas.
  7. El Partido ha propuesto ampliar los canales de la democracia interna del Partido. Es necesario que los miembros del Partido conozcan mejor las decisiones.
¿Hacia dónde conducirá esta política?

Nuestra confianza en el PCCh se basa en sus logros pasados y presentes. El PCCh supo mantener su unidad tras el movimiento contrarrevolucionario de Tian An Men, al tiempo que retomaba el control de los acontecimientos, manteniendo un ritmo de crecimiento económico enorme.  

Esta confianza también se basa en las rectificaciones que el PCCh inicia o anuncia. De nuestros encuentros, nos quedamos con la impresión de que una parte creciente de los cuadros se dan cuenta del riesgo de que, con la introducción del capitalismo y la apertura hacia Occidente, el PCCh pueda perder su ideología revolucionaria. 

El nuevo secretario general, Hu Jintao, ha subrayado en repetidas ocasiones la necesidad de ponerse al servicio del pueblo (triple representatividad), la necesidad de restaurar el honor del estilo de trabajo que Mao Zedong había promovido en los años de la revolución – en su discurso a la base revolucionaria en la provincia de Hebei, el 3 de enero de 2003, llamaba a mantener el honor del estilo de trabajo: trabajar duro, no buscar ventajas personales, sino ponerse de manera resuelta al servicio del pueblo, reforzar los lazos con las masas…[9]

La lucha contra la corrupción y otros fenómenos negativos que carcomen al PCCh y al Estado socialista desde la reforma parece tomarse cada vez más en serio. Últimamente, el PCCh ha apoyado varias huelgas obreras contra cuadros que habían desviado fondo o habían cometido faltas graves. Nos sorprendió la voluntad sincera de varios cuadros de aprender de nuestras experiencias como partido comunista de un país capitalista altamente desarrollado, de nuestras experiencias en la dirección de la lucha de clases, de lo vivido en el capitalismo por los obreros en Europa (flexibilidad, despidos, suicidios, accidentes graves y mortales, recortes incesantes en todos los gastos sociales, etc.)

El XVI Congreso subrayó la necesidad del estudio del marxismo-leninismo y del pensamiento de Mao Zedong (así como de las teorías de Deng Xiaoping y de Jiang Zemin). El futuro mostrará si se adoptan medidas concretas para organizar el estudio fundamental del marxismo-leninismo a un nivel suficientemente amplio. 

En cuanto al futuro, nos parece que existen opiniones diferentes y contrarias. Por otro lado, los camaradas chinos no esconden en absoluto que realmente existe un debate sobre esta cuestión en el seno del PCCh. Este hecho, en sí mismo, es esperanzador. 

Según algunos, el socialismo es la economía mixta de hoy. No habría realmente mucha diferencia entre economía capitalista y socialista – es el Estado dirigido por el PCCh lo que hace la diferencia. No se trataría por tanto de una política temporal, limitada a la “fase inferior del socialismo”, sino de una política permanente. Otros camaradas en cambio, insisten en el hecho de que el objetivo final es que el conjunto de los medios de producción se (re)conviertan en propiedad del Estado – aunque hoy éste no sea el problema a resolver. Otros dicen que no lo saben, que el PCCh siempre ha sabido hacer un balance de sus experiencias y que sabrá hacerlo para las reformas, pero que aún no es el momento de hacerlo…

Hemos expresado nuestro temor a que, sin orientación clara en el largo plazo, es el aspecto capitalista de la economía el que puede desarrollarse cada vez más, y que la ideología burguesa ganará terreno incesantemente. 

¿Por qué China no toma la iniciativa en la lucha contra las guerras de Bush?

De las conversaciones que hemos tenido con altos responsables del PCCh, podemos concluir que China es perfectamente consciente de que es el objetivo estratégico de los Estados Unidos. No porque amenace militarmente a la superpotencia americana – China se atiene rigurosamente a los principios de coexistencia pacífica entre sistemas diferentes – sino porque Washington no puede admitir que una China cada vez más potente en el plano económico se convierta en un polo de desarrollo independiente para toda Asia. El comercio entre los países de Asia del este y del sudeste con China está en constante crecimiento, en detrimento de sus intercambios con los Estados Unidos. China ya es el principal socio comercial de la República de Corea (Corea del Sur) – lo que dice mucho sobre la pérdida de influencia de la superpotencia americana en Asia. De forma paralela, el prestigio político de la China socialista crece en Asia y en el conjunto del tercer mundo. 

Todo esto no impide que el Producto Nacional Bruto de China no represente más que el 10% del de los Estados Unidos, pese a tener una población cinco veces más numerosa. China aún seguirá un cierto tiempo necesitando las inversiones americanas. Su potencia militar es muy inferior a la de los Estados Unidos. China necesita un ambiente pacífico, a fin de poder continuar con su desarrollo económico, que también es la base del fortalecimiento de su defensa.

No le incumbe a China tomar la delantera para contrarrestar la política de guerra de los Estados Unidos, más que de lo que le incumbía a la Unión Soviética frente a las intrigas de la Alemania nazi en los años 30. Recordemos que Stalin hizo lo posible para evitar una confrontación con Hitler – incluyendo la firma de un pacto de no-agresión – porque su economía y su defensa no estaban preparadas para ello. Por supuesto, China se opone a toda la política belicista de Washington. Por ejemplo, hoy apoya sin fisuras las reivindicaciones de la República Democrática de Corea por la desnuclearización completa de la península coreana y por la firma por parte de Estados Unidos de un pacto de no-agresión con Corea. Pero raramente la veremos ir más lejos – por ejemplo en el Consejo de Seguridad – que los rivales de Estados Unidos, mucho más poderosos, que son Francia o Alemania. No quiere atraerse iras que en absoluto puede controlar en este momento. 

Muchos representantes de otros países socialistas y del tercer mundo aprueban plenamente esta sabia posición de China. Mientras tanto, la República Popular defiende en cada ocasión la refundación profunda de las instituciones internacionales como la ONU, de la que pide la democratización a fin de que el tercer mundo pueda hacer valer correctamente sus puntos de vista e intereses.


[1] Ludo Martens, “Los orígenes de la tragedia sangrienta en Beijing”, Solidaire n° 23, 7 de junio de 1989.

[2] Nueva Política Económica (NEP). Bajo la presión de las intervenciones extranjeras y de la guerra civil tras la victoria de la Revolución de Octubre, Lenin llevó una política que permitiera un desarrollo controlado del capitalismo. Consideraba esta política como la única posibilidad de asegurar el aprovisionamiento de las ciudades y el desarrollo del país, salvaguardar y consolidar la alianza de obreros y campesinos.

[3] www.china.org.cn, cifras de la Oficina China de Estadística.

[4] Informe Mundial sobre el Desarrollo Humano 2003, publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), p. 5.

[5] Su población representa el 22% de la población mundial, pero su PIB no es más que el 3,6% del PIB mundial (el de los Estados Unidos representa el 32,6%). Más del 60% de la población en China aún es rural.

[6] Informe Mundial sobre el Desarrollo Humano 2003, op.cit., p. 3.

[7] “El número de empleos ha seguido creciendo. A finales de 2001, la población activa del país contaba con 730,25 millones de personas – es decir 9,40 millones más que en el mismo periodo del año 2000 – de los que había 239,4 millones de empleados urbanos, lo que representa un aumento de 7,89 millones. Los desempleados de las empresas estatales eran 5,15 millones, es decir 1,42 millones menos que en el año 2000. Unos 2,27 millones de desempleados han encontrado, por medio de distintos canales, un nuevo trabajo. La tasa de desempleo urbano era del 3,6%.” (Dossier de Beijing Information)

[8] Ludo Martens, op.cit.


[9] “Tenemos todos los motivos para estar orgullosos de los logros del movimiento de reformas y modernización de los últimos 20 años, especialmente desde la IV sesión plenaria del XIII Comité Central del PCCh, dice Hu. Sin embargo, no debemos ser presuntuosos y pasivos. Lo que hemos logrado no es más que una etapa, aunque ésta sea sustancial, en el largo camino por recorrer. Para alcanza el objetivo de la construcción de una sociedad acomodada, fijado por el XVI Congreso nacional del PCCh, aún estamos confrontados a numerosas y arduas tareas, a dificultades y retos. Por consiguiente, siempre debemos ser modestos y trabajar duro.”

“En las nuevas condiciones históricas, seguir trabajando duro o no hacerlo, resistir o no a la tentación del poder, el dinero y la belleza es una prueba para cada comunista, especialmente para los dirigentes”, añade.

Hu expresa que todos los miembros del partido tengan en mente la situación nacional fundamental y la misión sagrada del Partido, su misión de servir al pueblo de todo corazón, la teoría de base del Partido, su línea y su programa y la responsabilidad histórica que le ha sido confiada.

Subraya que todos los miembros del Partido, particularmente los cuadros, deben recordar su misión de servir al pueblo de todo corazón y luchar por el bienestar del mayor número de personas.

Pide a los cuadros a los distintos niveles que aumenten su trabajo al nivel de la base, que escuchen y que se preocupen del pueblo y lo dirijan en la construcción de vidas felices. “Seguir con el trabajo duro para asegurar el futuro brillante de China.” (http://english.peopledaily.com.cn/200301/03/eng20030103_109467.shtml)


No hay comentarios: